Acá también estoy:

30 diciembre, 2013

"Craintes" (y otros dramas del amor a distancia)

Me da miedo tu sonrisa. Tu boca. Tu forma de fruncir los labios. Me da miedo tu forma tan positiva de pensar. Me da miedo que seas tan fuerte. Me dan miedo tus ojos, la dulzura y la paz que esconden. Me da miedo que no me elijas a mí porque tienes otras opciones (y mejores). Me da miedo aburrirte y que me rompas (aún más). Me da miedo que me veas y me agarres por la cintura y me llenes de abrazos. Me da miedo que veas mi cuerpo por primera vez. Me da miedo la sonrisa idiota que me sale por cualquier tontería que me dices. Me da miedo asustarte. Me da miedo reírme muy fuerte, con esa risa asquerosa que tengo. Me da miedo caer. Me da miedo ser insuficiente. Me da miedo ponerme rojo cuando me hables a la cara. Me da miedo tener vergüenza. Me da miedo que conozcas mi lado oscuro y te vayas corriendo. Me da miedo tu forma de dirigirte hacia mí. Me da miedo el hecho de pensar que algún día te tendré cerca. Me das miedo. Me da miedo estar tan enamorado. Y todo esto no me daría miedo si no fuera yo, porque sé que cago todo y, si hay algo que temo más que a todo esto, es a perderte.

29 diciembre, 2013

Débil

Conocés mis secretos.
Te mostré mis armas.
Te confié mis miedos.
Despejaste mis dudas.
Alejaste mis infiernos.
Reviviste mi pasión.
Me enseñaste a jugar.
Me enseñaste a perder.
Hiciste que me resignara.
Lograste que mis cambios tuvieran un por qué.


Ahora por eso, frente a vos, soy débil. Muy débil.

26 diciembre, 2013

Princesas.

Esmeralda se subió al escenario y se puso a cantar una melodía preciosa. Sus ojos brillaban y su voz transmitía una calma y una pasión indescriptibles con palabras. En el escenario era feliz, cuando sus labios se encontraban cara a cara con el micrófono su alma bailaba al compás de su música.
Cuando la canción terminó, todos la felicitaron. No hubo persona que no quisiera saludarla y felicitarla por su brillante trabajo. Ella dio las gracias, a uno por uno. Se quedó tomando unos tragos y volvió para su casa.
Llegó, cerró la puerta con llave y se sacó los tacos. Medía 1.71, era rubia, tenía el pelo ondulado y muy seco. Tenía pecas en la cara, uñas largas y cuidadas, lunares en las manos... y cortes en sus muñecas. Sufría. Se veía gorda. Muy gorda. Y no llegaba a pesar cincuenta kilos.
Se sentó en la mesa, aún con los platos del mediodía sin lavar y el cenicero lleno de colillas, y se puso a llorar. No tenía una razón exacta. Quizás porque sintió que hoy cantó mal. Quizás porque extraña a su mamá. Quizás porque hoy no estaba de buen humor. Quizás porque no se quería...
Fue a su dormitorio y abrazó a su peluche preferido, ese que ella miraba a los ojos pidiendo auxilio cada vez que su padre llegaba de trabajar enojado y le pegaba con el cinturón en su habitación hasta dejarla casi sin fuerzas para moverse. Abrazó a ese peluche, como lo hace cada vez que está mal, y sacó su cuaderno blanco de abajo de la cama. Se desvistió, solamente tenía puesta una bombacha, y releyó todo su cuaderno una y otra vez. "61, GORDA", "60, ASQUEROSA", "57, ALCANZANDO MI OBJETIVO", "58, ME ODIO", "54, PRINCESA", "52, CASI LO LOGRO" "50, DULCE DOLOR DE ESTÓMAGO" y así seguía. La lista era inmensa y estaba llena de dibujos, de manchas de sangre, de caras tristes. Era su secreto, su mayor secreto.
"No pararé hasta los 40 kilos, ahí seré la princesa que Papi deseó, la princesa que todos quieren que sea."

Fue a la balanza, pero antes se miró al espejo. Con el delineador corrido y la base agrietada, se miró las pecas, las uñas, los cortes y por primera vez se gustó. No se vio fea (sí gorda), empezó a verse con más detalle y hasta descubrió cosas que nunca había visto, como que tenía unas clavículas preciosas, que su pelo estaba mucho más largo de lo que creía, que sus manchas de nacimiento en los pies habían desaparecido... y por primera vez, se quiso.
Y se subió a la balanza. "45, UN POQUITO MÁS FELIZ" anotó en su libreta un rato después.

Desde ese día, empezó a mirarse en el espejo más seguido. Empezó a notar más detalles de su cuerpo. Empezó a conocerse más y a olvidarse de lo que no le gustaba. Pero no dejaba de verse gorda, seguía haciendo dietas estrictas y escribiendo canciones sobre lo mucho que deseaba sentirse una princesa.

"Una de esas princesas que tienen su vida resuelta, una vida planeada, una vida sencilla. Una de esas princesas que sólo deben preocuparse por cómo tienen el cabello, si su príncipe las miran y notan que tienen algo distinto en su pelo... una de esas princesas que veo desde que era una niña y mi padre me golpeaba y con las que tanto sueño desde entonces..."

Los días pasaron y el número de la balanza seguía bajando. Pero cada vez se veía un poco mejor. Sus últimas hojas de cuaderno decían "45, UN POQUITO MÁS FELIZ", "44, YA CASI", "42, PAPI, PERDÓN", "40, LO LOGRÉ."

Ese día se vio al espejo y se vio linda, flaca, despreocupada, esbelta... se vio como una princesa. Como la princesa que ella siempre quiso ser. 

Pero las cosas no duran para siempre.


Esmeralda Casares, de 20 años, fue encontrada muerta en su departamento en Belgrano. Se encontraba en su baño, desnuda, con un peso muy por debajo del adecuado y con un pastillero vacío y una nota al lado que decía, textualmente "Logré ser una princesa. Puedo morir en paz".

25 diciembre, 2013

Niño

Niño, apaguemos las velas y juguemos a las escondidas.

Niño, estoy cansado de esperarte. Ven aquí, conmigo, y juguemos a las escondidas.

Niño, te quiero. ¿Tú puedes decir lo mismo?

Niño, ¿me haces feliz? ¿me lastimas? ¿me dañas? ¿me salvas? Ya no entiendo.


Niño, apaguemos las velas y empecemos a jugar. 
Mamá pronto llegará a casa y nos podrá retar.

22 diciembre, 2013

Estrellas en el cielo.

-Qué bellas son las estrellas, no, abuela? -le dijo Angus en su última noche antes de partir a Polonia.
-Sí, cariño, son hermosas. Las miraré cada noche para recordarte. Te voy a extrañar.
-Yo también, abuela. Yo también.

El tren partió a las seis y allí estaba la abuela, vestida de blanco, sencilla, despidiendo a Angus hasta quién sabe cuándo. La vida en Polonia es dura, más si te envían como teniente.
Angus extrañaba a la familia, extrañaba su vida, extrañaba las estrellas vistas desde su jardín.
Angus era infeliz allí.

Después de padecer, de extrañar, de no aguantar, Angus una noche particular miró las estrellas y, para adentro, dijo:
-Qué bellas son las estrellas, no, abuela?
Cerró los ojos y se transformó en una de las tantas estrellas en el cielo, esas que la abuela miraba cada noche, sin saber que, algún día, alguien la miraría a ella desde allí.

10 diciembre, 2013

Hambre.

Quiero aferrarte a mi cama con mi cabello y lamer tus labios hasta agotar ese sabor acaramelado. Hey, no te preocupes ni te asustes... pero no tengo ni pensado terminar ahí.
Después morderé cada centímetro de tu labio inferior, jugaré hasta cansarme con el superior y terminaré inhalando tu aire, buscando en tu respiración las palabras que tímidamente no decís, de esas que sumisamente guardás en vos.

¿Mi hambre te asusta?
Mi hambre te desea.

07 diciembre, 2013

Kilómetros.

Son noches como estas en las cuales yo no me voy a dormir sin antes escuchar una canción que nos recuerde. Aunque tampoco me iría sin tus besos, pero los kilómetros se nos burlan y no hay nada por hacer. Vos allá, yo acá, y ellos, los kilómetros, se nos ríen, casi a los gritos, porque hacen que nos perdamos, que estemos lejos... cuando buscamos encontrarnos, estar cerca. No hay remedio para el lado frío de mi cama, ese lado que tiene tu forma, tus ganas, mi deseo. Suelo consolarme mirando la brillante luna, reflejada en mi ventana, pensando que es la misma luna que te ilumina y me ilumina. Ella, sublime, protagonista, también tan lejana pero admirable y hermosa, me roba una insipiente sonrisa... me conforma, me reconforta. Y luego de eso dejo de mirarla, me doy vuelta, apago la luz de velador, y comienzo a contar lentamente los kilómetros que nos separan, exactamente esos que me ayudan a conciliar el sueño. Te confieso que más quisiera contar los lunares de tu cuerpo, tus poros, tus miedos, los míos... quisiera contarlos todos, y cuando termine, recomenzar una y otra vez... mimarlos, sonreírles, besarlos... pero, como sabemos, eso no es posible. Me duermo con esos malditos kilómetros en mi cabeza, y con estas ganas de vos. Me duermo con la idea de soñarte, de encontrarte en algún café o a la vuelta de una esquina cualquiera, como en esas películas de amor tan estúpidamente predecibles, pero que, desde que apareciste, no puedo dejar de mirar, de ver, de observar, de analizar. De pensarme ahí, con vos.
-"¡Los sueños, sueños son!"-me grita el lado frío de mi cama. Y ahí me hace pegar un salto a la realidad, se destruyen mis fantasías. Me levanto por la noche sin tener la mínima idea de qué hacer, abatido, pero con esperanzas vuelvo a mirar la ventana, a esa luna sola y lejana, pero esta vez no me devuelve su belleza; sólo me devuelve el reflejo de mi soledad. Y a la siguiente noche, todo se repite... una y otra vez, todo se repite.

¿Habrá manera de terminar con esta condena? ¿Habrá alguna mísera posibilidad de que, algún día, atravieses la ventana?

02 diciembre, 2013

Alegría.

-Hija, no querés salir a caminar?
-Sí, papá, salgamos.
-Bueno. Abrigate que hace frío.

Salimos a caminar por las calles repletas de hojas y de brisas frías. Salimos y nos dimos la mano. Dimos dos pasos y ella me abrazó. Me abrazó fuerte y no me agarró más de la mano para seguir caminando, sino que me agarró del brazo.

-Ay, qué lindo abrazo, amor.
-Me encanta abrazarte, pá.

...Esta basurita en el ojo que no sale...

25 noviembre, 2013

Creencias.

Siempre creí que escribir es como la vida misma. Creo que es por eso que nunca logro escribir textos largos... porque la vida es corta, es simple, es directa. Y creo que también  es por eso que la gente vive acelerada. Quieren aprovechar el tiempo que creen perdido, quieren creer que van más rápidos que el tiempo...

Siempre creí que los sueños no se cumplían, que el cuento de "perseguí tus sueños hasta que se cumplan" era una mentira atroz. Pero después descubrí que no es así; que los sueños no son sino deseos del subconsciente que tenemos ganas de cumplir pero no nos lo permitimos. ¿Por qué nos limitamos? ¿Por qué evitamos cumplir nuestros sueños? Perseguí, deseá y cumplí cada uno de tus sueños, hasta el último.

Siempre creí que los adultos eran superhéroes. Personas que no se equivocaban nunca, que siempre nos protegerían y que nunca nos harían daño. Mi vida me demostró que dos personas, aunque no sean coetáneos, son iguales. Se equivocan, tienen malos días, pueden contestar mal, ser malhumorados, no hacer las cosas bien... a veces los adultos necesitan ser protegidos más que proteger a otro.

Siempre creí que estar enfermo trae problemas. Que estar rodeado de gente enferma te vuelve enfermo a vos. Y descubrí que no. Las enfermedades traen mensajes, señales, enseñanzas, desafíos y cuestionamientos. Las enfermedades también traen alegría, aunque nadie (o pocos) lo crean. Las enfermedades a veces te hacen sonreír, te hacen ver quién sos, qué tenés que aprender, qué tendrías que mejorar. Por eso, estar rodeado de gente enferma te vuelve más sano, te hace sentir mejor.

Siempre creí que los fantasmas y los monstruos no existían. Error. Existen. Y viven en todo lugar. En un armario, debajo de la cama, en nuestros propios cuerpos. Todos tenemos nuestros fantasmas, nuestros monstruos. A veces los compartimos y se espantan. Otras veces viven con nosotros hasta que nosotros mismos somos los que decidimos que se vayan. Y otras tantas veces, esos fantasmas, esos monstruos, se quedan a vivir para siempre en un armario, debajo de la cama o en nuestros propios cuerpos. Y nunca más se van.

Siempre creí que llorar es una mierda. Llorar libera y renueva energías, es un método de escape, una forma que tenemos de decir lo que no nos sale. Tanto lo bueno como lo malo se puede comunicar a través del llanto y eso es algo que agradezco. Porque gracias a que lloro, me doy cuenta que después de las tormentas, por fin, sale el sol.

Siempre creí que el amor sólo es lindo cuando es correspondido. Y la vida me demostró, por buena suerte, por mala suerte, por azar, gracias al destino, o todas juntas, que muchas veces el amor no correspondido siembra mejores cosas que uno correspondido. Ser rechazado te hace chocarte la cabeza contra la pared y preguntarte por qué, qué hiciste mal. ¿Para qué? Para hacerlo mejor la próxima vez. Y si esa próxima vez es todavía no correspondida, para la próxima...

Siempre creí que la gente cambia. Y es así, pero no en todo contexto. A veces cambia la gente y a veces cambiamos nosotros. Y a veces la gente cambia porque también lo hacemos nosotros. Son muchos los componentes y los ingredientes necesarios para que cada una de estas hipótesis ocurra de determinada forma, pero las tres coinciden en que la vida está compuesta y está obligada a constantes cambios. Buenos, malos, radicales, graduales, cómodos, incómodos, aterradores, reconfortantes... pero cambios al fin. Y quizás a veces prejuzgamos los cambios como algo siempre negativo cuando no es siempre así. Gracias a los cambios, hoy somos lo que somos. Eso es algo para tener en cuenta a la hora de pensar y a la hora de ver quiénes somos. Por eso, cuando veas que vos o alguien cambió, no te pongas mal, agradecelo. Significa que estás creciendo, madurando... aprovechando el tiempo.

Siempre creí que escribir es como la vida y por eso hago textos cortos, porque siempre creí que la vida es corta. Y me acabo de dar cuenta que no, que a veces la vida es larga para uno que siempre creyó que la vida era corta y corta para quién creía que era algo eterno y aún así sigue estando bien. La vida es vida porque cada uno la vive como tal.

Aunque mejor: Dejemos de creer y empecemos a vivir... la vida es corta.

23 noviembre, 2013

Monstruos

Y de repente, ella se vió en el espejo. Vio sus doce kilos de más, sus arrugas, sus lunares, sus estrías. Sintió que era un monstruo.

Él apareció.

-Mirá lo que soy, soy un asco. Mirá todo esto, esta grasa, estos lunares, toda esta puta mierda que soy, esta asquerosidad en la que me convertí. Soy un monstruo.

Él la abrazó.

-¿Sabías que me encantan los monstruos?

21 noviembre, 2013

Supernova.

El celular le sonó más tarde y por ende se levantó con poco tiempo para todo. Eso la pone de malhumor. Se calzó los jeans, se puso su mejor camisa y unos tacones y salió rumbo a la calle desconocida. Y de pronto, cuando paró en un café a desayunar, vio una pareja feliz. Y se dió cuenta en ese instante de lo sola que estaba. Eso la pone de malhumor. Estaba sola por elección propia. Ella era una bella mujer, tenía un caminar con un compás envidiable. Pero estaba sola. No tenía a nadie a quien abrazar por las mañanas, a quien hacerle un café, a quien cuidar cuando esté enfermo. Estaba sola, y eso la pone de malhumor. Terminó de desayunar y siguió caminando. Paró en una plaza a prenderse un pucho y vio una madre. Con dos hijos pequeños. La luz de sus ojos. Y se dio cuenta que estaba más sola todavía. Que sus amigas tenían sus hijos, las luces de sus ojos, y ella seguía sola, vagando por las calles buscando quién sabe qué cosa. Estaba sola, y eso la pone de malhumor. Las lágrimas caían por sus mejillas y se le corría el maquillaje. Y eso la pone de malhumor. Se secó rápido las lágrimas pero el dolor tardó en irse. Una niña se acercó y le regaló una flor. Eso le alegró, pero luego la madre la llamó y se fue. Y volvió a sentirse sola como siempre. Siguió caminando, cada vez más lento, más pausado, más triste. Paró en la vidriera de un negocio. Vio a un grupo de amigas comprando ropa. Se preguntó dónde estaban sus amigas. Si la querían. Las llamó por el celular y ninguna contestó. Todas estaban con sus novios, abrazándolos como cada mañana, haciéndoles un café o cebándoles unos mates, cuidándolos si alguno estuviera enfermo o jugando con sus hijos. No le contestaron porque ellas eran felices y ella no. Y sentirse tan sola siempre la pone de malhumor. Y así estuvo todo el día, pagando cuentas, caminando, siendo infeliz, sintiéndose sola. Se vió en un espejo. Se veía tan vieja, tan triste, tan malhumorada. Se pintó un poco los ojos e intentó esconder con maquillaje lo que realmente esconde en el corazón. Siguió caminando. Volvió a ver una pareja, pero esta vez él le estaba gritando a ella. Ella lloraba y le pedía perdón. Él se fue enojado y la muchacha estaba desolada. Tan malhumorada pero a la vez tan entendida, ella se sentó en el borde de la calle, junto a la sufrida. Le convidó un pucho y en dos minutos le contó su historia. Se pasaron los teléfonos y quedaron en ir a tomar unas birras por ahí. La muchacha se fue y ella caminó lentamente a su casa.
Llegó la tarde. Ningún mensaje en la contestadora. Ningún mensaje de sus amigas en el celular. Estaba sola otra vez. Hasta llegó a pensar que la muchacha de los puchos en la calle se iba a olvidar de ella, como todos lo hacen, y eso la puso de malhumor, porque sentirse, estar, y pensarse sola la pone de malhumor. Hasta que de repente le llegó un mensaje. "Gracias por lo de hoy, me hiciste sentir acompañada. ¿Estás libre el sábado?". Por primera vez, había hecho sentir bien a alguien, que encima no conocía. Después de comer, lavó los platos, miró televisión y se fue a acostar. Apagó el celular. Y, antes de dormirse, en vez de llorar como hacía cada noche, sonrió. Que la quieran la pone de buen humor.

03 noviembre, 2013

te cae la ficha

Te cae la ficha.

Y ahí es cuando te das cuenta que no superás a alguien si pensás en olvidarlo, sino si directamente no lo pensás.
Y ahí es cuando todo lo que en algún momento te dolía sin causa aparente era una señal y no una equivocación.
Y ahí es cuando te das cuenta que los que te traicionaron no te debilitaron; te fortalecieron.
Y ahí es cuando te lamentás de tus acciones porque fueron las causas de tus posteriores consecuencias.

Te cae la ficha. Y ahí es cuando te das cuenta que la vida es diferente y que caminaste al revés.

Te cae la ficha. 
Entendés. 
Aceptás. 
Mejorás. 
Caminás.

11 octubre, 2013

Asustado

Aparecés. Te quedás conmigo. Salvás mis peores momentos, tus palabras me salvan. Ningún lugar en el mundo es más lindo que estar en tu pecho. Estaba asustado hasta que llegaste. Espantás mis demonios, tu ser contribuye a mi locura. La locura de saber que me encanta tenerte, aunque todavía no te tengo. El solo pensar en que podría tenerte ya me calma. No me voy a poner a pensar si no te tengo, no voy a dejarle espacio a mis monstruos para que aparezcan y me carcoman el alma. Voy a pensar en que te podría tener, y en que me hacés feliz a tu manera. Soy feliz a nuestra manera. No hay mejor momento en el mundo que aquel en el que escucho tu voz. No hay mejor medicina que un abrazo tuyo. No hay mejor alegría para mí que escuchar las tuyas. Porque tus alegrías producen mis alegrías. Todo tu ser provoca un huracán de sensaciones en el mío. Y no sé por qué me siento así, quizás porque necesito cariño, a gritos, y vos me brindás a tu manera ese cariño. Quizás porque siento que sos de buena madera y es lo que busco. No hay peor distancia que la nuestra. Pero no hay mejor sensación que aquella que nace en mi cuerpo cuando, al cerrar los ojos, te pienso y te traigo conmigo.

Aparecés. 
Te quedás. 
Te quiero. 
Me salvás. 

Estaba asustado. Y hoy... no estoy asustado, nunca más.

07 octubre, 2013

Choque

La vida me golpeó. Me hizo abrir los ojos cuando todavía no estaba listo. ¿Qué pasó? Mamá, dijiste que me protegerías.

La vida me golpeó para nunca más ser el que fuí. Un choque de alto impacto que sacudió hasta lo más profundo de mis entrañas para enseñarme. Para enseñarme a mí y enseñarles a los demás.
Me enseñó que debo pararme y ser más fuerte. Más fuerte que las palabras que dañan, más fuerte que los golpes de las personas.
Me enseñó que esconderse y odiarse no es la solución.
Y me hace enseñarles a los que no creen en mí que sí pueden hacerlo y que sólo necesitaba eso; que la vida aparezca para golpearme, para adecuarme, para despertarme. Aunque igualmente, quien no confía en vos en los peores momentos no tiene derecho a hacerlo en los mejores.

La vida me golpeó y me hizo un ser mejor. Quizás no me golpeó; quizás el dolor del impacto repentino me hizo sentir que fue un golpe y fue solo un aviso. Una alarma, como la que suena cada mañana.

La vida me golpeó.
La vida me salvó. Me salvó de mí mismo. De ir por un camino del cual jamás podría volver.
La vida y yo chocamos para ser uno. Mi vida y yo.

01 octubre, 2013

El tiempo.

El tiempo... Pasa lento, pasa rápido... pasa y no nos damos cuenta. Nos deja un recuerdo dulce, uno amargo, uno insulso. El tiempo, nuestra arma más poderosa, para valernos y para destruirnos.
¿Quién sabe cuál es el tiempo? Para cada persona es distinto. El tiempo que nos impone la sociedad, ese tiempo voraz, nos hace creer que los tiempos para un beso, para el sexo, para el trabajo, para descubrir, para experimentar, para sufrir y para revivir, entre otros, deben ser casi instantáneos. No coincido. ¿Por qué? Simple: Mi tiempo, mi vida, mis miedos, mis virtudes, mis defectos, mis anécdotas... son diferentes a las de otros. Cada uno se arma como quiere y como puede, y esa forma diferente de ser nos hace hacer las cosas a diferentes tiempos. Por eso, no te apures, viví tranquilo. El tiempo es infinito, nadie te apura.

Confundir el tiempo con la hora. Qué grave error. El reloj no marca el tiempo. Marca las horas, los minutos, esos que pasan lento, o a veces tan rápido que ni nosotros podemos creerlo. Marca el pasar de los días, de las semanas, los meses... pero no el paso del tiempo. El paso del tiempo lo marcan otras cosas que llevamos adentro y algunas marcas por afuera:

  • El haber podido luchar, levantar los brazos para nunca bajarlos, y haber logrado un objetivo.
  • El mirar hacia atrás y ver en quién te convertiste. Quién sos, quién querés mostrar a la vida, qué hiciste para ser hoy quien sos, con tus defectos y tus virtudes.
  • El haber aprendido de tus errores para no repetirlos jamás.
  • El haber aprendido de tus buenas lecciones para repetirlas y contagiarlas en el otro.
  • Verte al espejo y ver esas pequeñas arrugas, esas canas que aparecen de a poco. Ese cuerpo cansado, encorvado, pero con ganas de seguir luchando, de levantar los brazos y de seguir construyendo quien es hoy.
El tiempo es vida. La vida pasa de la mano del tiempo. Nunca creas que el tiempo pasa, porque sí, pasa, pero nunca solo: siempre, siempre, siempre, va de la mano con vos.

Viví la vida, sí, vos, que estás leyendo esto y se te mueven mil cosas por adentro porque sentís que tengo razón, porque leés tu vida en estas palabras, o porque simplemente creés que es hora de un cambio. Con tiempo, todo es posible. Y no lo digo desde una perspectiva cursi; con tiempo, hasta el cambio más grande es posible. Con tu tiempo.

Viví la vida.
Viví el tiempo.
Viví. Quizás la oportunidad de ser feliz estuvo siempre al lado tuyo y nunca pudiste verla.

30 septiembre, 2013

"Nosotros".

Porque a veces no me alcanza con extrañarte, comienzo a lastimarme. Y no recurro a un filo o a una pastilla para lastimarme; voy más allá. Recurro a lastimar mi interior, eso que nadie ve y nadie puede preguntar "uh, te lastimaste, qué pasó?".
Tengo lastimado el corazón de todas las veces que el "no" estuvo adelante de mis proyectos. No podés, no te sale, no te quiere, no le importa que le hables, no quiere contarte su vida... y tantos otros rasguños al alma.
Me lastimo sin querer. Y no me puedo curar. O quizás sí pueda, pero no encuentro dónde ir. Nunca busco llamar la atención de nadie, pero esta vez sí. Quiero tu atención. Y no lo digo desde una perspectiva caprichosa. No es un juguete nuevo al cual voy a dejar debajo de la cama a los pocos días de tenerlo: Tu atención va más allá. Es algo que hoy necesito. Quizás es eso lo que busco para curar mis rasguños. Quizás tus palabras y tu aliento, el estar siempre, o al menos cuando yo te necesito, es lo que va a curarme.
No perdería nada intentándolo.

Quiero tu atención. Conocerte más, conocer tus defectos, tus virtudes, tus caprichos, tus manías.
Te quiero a vos. Me quiero con vos. Quiero pasar de ser "yo" a ser... "Nosotros".

28 septiembre, 2013

Me gustás así.

Me gustás así, con todos tus problemas me gustás así.
Me gustás así, tan imposible, tan lejano, tan distinto, tan igual.
Me gustás así, siendo vos mismo hasta cuando yo no lo soy.
Me gustás así, hablándote, contestándote, preguntándote, respondiéndote, siendo yo.
Me gustás así, porque espantás mis demonios. Porque rescatás mis mejores cosas. Porque alejás las peores. Porque me recordás viejas sensaciones que tenía guardadas en un cajón. Porque con vos soy un ser distinto que vuela alto. Porque mi sonrisa no se va cuando hablo con vos. Y desaparece cuando vos lo hacés.


Me gustás así.
Me gusto así.
Gracias. Por ser tan perfectamente imperfecto. Tan adecuado para lo que necesito. Nunca te vayas.

27 septiembre, 2013

La mariposa

Y por fin, la mariposa abrió sus alas.
Y se dió cuenta que el mundo no era tan hostil, que las esperanzas realmente son lo último que se pierde, que el mundo es más lindo desde esos nuevos ojos. Descubrió que a veces está bueno abrirse, salir, experimentar, sentir cosas nuevas. Por fin se dedicó a su felicidad y no tanto por la de otros.
La mariposa abrió sus alas y se descubrió. Jamás volverá a cerrarse, ni dejar que alguien la cierre. No va a permitir que sus sueños dejen de volar sobre sus alas, no va a darse el lujo de caer, como todos esperan que haga. Va a volar, bien alto, decidida aunque sin rumbo.
La mariposa que vivió cerrada jamás va a cerrarse. Se hartó. Va a volar, va a ser feliz. Mariposa feliz, volá. Y nunca vuelvas. Volá hacia tu destino.

Y por fin, la mariposa abrió sus alas. Se dió cuenta que el mundo no era tan hostil. Que las esperanzas son lo último que se pierde y que el mundo no es tan feo como creía, sino que lo estaba mirando desde la vista incorrecta.

23 septiembre, 2013

Extrañando

Te extraño. No puedo tocarte ni abrazarte, pero las sensaciones que mi cuerpo protagoniza me indican que te necesito igual.
O quizás no te necesite a vos, sino a alguien a quien extrañar y que me extrañe.
Qué triste es extrañar, porque significa que es algo que no tenés, que está lejos, que tenías y perdiste... o todas juntas.

Te extraño. No quiero molestarte, no quiero pesarte, pero te necesito. Necesito tus palabras, tu preocupación, tus consejos y tu ser.

Pero aunque te extrañe, no voy a hablarte. No porque no quiera, sino porque, para ser molestia de alguien más, prefiero quedarme con las ganas. Odio molestar y todos los días lo hago a diferentes personas. Odio depender, molestar, incomodar. Porque también odio que lo hagan conmigo.

Me salvás, me hacés bien.
Te extraño. Mucho. Aunque hablemos y nunca lo demuestre, tus palabras son una cálida caricia a mi autoestima. Aunque nunca te lo diga, tu forma de ser me hace vibrar las entrañas, me hace sentir cálido. Hacés que no caiga al fondo de mí mismo. Gracias. Por salvarme, por aparecer, por irte y volver. Por no hacer lo mismo que hicieron todos: venir, ver quién soy, desaparecer. Y no volver.

Te extraño y te quiero. No te vayas nunca de mí; y si te vas, intentá hacerlo sin que me de cuenta y no me lastimes.

12 septiembre, 2013

Infinitos.

¿Realmente somos seres infinitos?
Infinito es el dolor. Queremos taparlo, disimularlo, esconderlo, cambiarle el nombre. Pero el dolor es el dolor y nunca se va.

Infinita es la angustia. Esa que sentimos que nos desgarra el cuerpo desde adentro. Esa que con un simple rasguño nos hace caer al vacío de nuestro propio ser para nunca más poder dejar de caer. O quizás sí, caer hasta el final del pozo pero jamás volver a salir. Porque, seamos sinceros, no todos tocan fondo para volver a subir.

Infinitos son los recuerdos. Los momentos vividos, las experiencias, las anécdotas, los temores, los sueños, los logros.

¿Realmente somos seres infinitos?
Sí. Somos infinitos. Porque, a pesar de que la vida nos golpee y nuestra alma esté llena de dolor y angustia, también están presentes los recuerdos, los momentos, las experiencias, las anécdotas, los temores, los sueños y los logros. Los buenos y los malos. Pero allí están todos, para hacernos ver quiénes somos y por qué llegamos a esto.

Somos lo que somos gracias a nuestro pasado. Aunque también podemos ser lo que querramos ser sólo si nos lo proponemos. Nuestra oportunidad de ser quien queremos ser la tenemos frente a nuestros ojos. Pasa lentamente, como los minutos fríos de los momentos tristes, esperando a que la agarremos y la usemos. No la dejes ir, sé quien querés ser y no pierdas más tiempo llorando o buscando excusas de lo que no sos para empezar a ser quien sí deseás ser.

Somos seres infinitos. Infinitos como el dolor, la angustia, los recuerdos y como nuestra felicidad. Porque ella también es infinita si nos lo proponemos.

¿Qué hiciste hoy para estar un poquito más cerca de tu felicidad? Dale, salí, sonreí y planteate la propuesta de encontrar algo que te robe la sonrisa de golpe. Convertí tu felicidad en el infinito.

Infinitos. Así somos y así seremos hasta que nosotros decidamos dejar de serlo.

11 septiembre, 2013

the perks of being a wallflower.

"Y en ese instante te das cuenta de que no eres una historia triste. Estás vivo. 
Te pones de pie… ves las luces sobre los edificios y todo lo que hace que te asombres. Escuchas aquella canción en el coche con las personas que más quieres en el mundo y en ese instante sientes que… somos infinitos."

08 septiembre, 2013

Etapa cumplida.

Y por fin llega un momento en el que mirás hacia atrás y ves como una etapa que creías inagotable se cierra. Una etapa que contuvo muchas cosas que la hacen inolvidable, irrepetible, increíble... perfecta.

La etapa donde por primera vez le contestaste a tu mamá después que ella te gritó.
La etapa donde por primera vez fuiste al colegio sin que tus papás te fueran a buscar.
La etapa donde conociste lo duro que es el amor, lo injusto que es el mundo y lo poco que alcanza para empezar a odiarte.

Se cierra esa etapa donde todos dicen que estás en peligro constante, donde podés experimentar cosas de las cuales te arrepentirías el resto de tu vida; esa etapa donde vale más qué zapatillas tenés puestas o dónde te compraste la remera que tenés puesta y no tanto qué juguete te compraron tus papás o a qué hora te fuiste a dormir.

Se cierra una etapa que, lamentablemente, jamás vas a volver a vivir. Una etapa que te regaló muchas cosas; la construcción de la que va a ser tu personalidad de acá hasta que el cuento termine, amigos, tus mejores y peores decisiones, tus grandes errores, tus logros, tus miedos y tus mejores anécdotas.


Terminó la etapa de joda constante y de experiencias nuevas. La secundaria.

27 agosto, 2013

Luz oscura.

Otro día de colegio. ¿O por qué no llamarlo cárcel? Si así me siento yo cuando entro a ese lugar. Es grande, frío, apagado, temeroso… como una cárcel. Otro día en el que voy a estar con la misma gente, en el mismo lugar, sintiéndome igual: sola. Tan sola que hasta a mí me incomoda. ¿Por qué tengo que ir? Me siento horrible. Me siento sola, desentendida, diferente. Y eso me duele. Pero hay cosas que uno en la vida no puede elegir; venir a esta cárcel es una de ellas.

Pensándolo bien, no estoy tan sola como creo. Tengo a Esperanza, mi mejor amiga. Me entiende, me acepta, es mi sol entre tantas noches eternas. Y con ella quería hablar hoy. Como todos los días, porque simplemente es así; nadie me escucha y me soporta tanto como ella. Sus palabras, tan tranquilizadoras, son como un abrazo al alma. Un abrazo eterno del cual nunca me quiero despegar.
En un recreo me senté con ella:
-Me siento sola, Espe. No quiero estar más así.
-No tenés por qué sentirte así, Luz. No estás sola, me tenés a mí, tenés a tu familia, tenés gente que te quiere.
-Si fuera así, yo no estaría como estoy. Solo te tengo a vos, vos sos mi salvavidas, por eso te hablo. Hay veces que me pregunto qué tuve que pagar para tener que vivir esta tortura. No sé qué hice mal, qué no hice, qué hice diferente a lo esperado, para que la vida me pegue de esta manera. No lo aguanto más. Necesito tu ayuda. 
-¿Me dejás darte un consejo? Creo que tendrías que recurrir a un profesional. Y no me refiero al psiquiatra; ese tipo no te ayuda, sólo te receta pastillas para calmarte. No le veo mucho sentido. Creo que es mejor que empieces una terapia psicológica urgente con un buen profesional. Te vas a sentir más escuchada, más acompañada, y vas a poder buscar otras formas de sentirte mejor con vos misma. Yo te ayudo a buscar uno que te haga sentir cómoda, qué decís Luchi?

 “Creo que es mejor que empieces una terapia psicológica urgente con un buen profesional.” Mi mejor amiga me acaba de tratar de loca. Hasta ella. Me levanté con los ojos rojos de tanto llorar y ojerosos por no haber dormido nada y, enojada no sé con qué, si con ella, conmigo misma, con el destino o con todo junto, me fui a lavar la cara.
En el otro recreo, el psicopedagogo me tocó el hombro mientras leía un libro. Le lancé una mirada fría, distante y amenazante y él, con un tono agradable, me invitó a su consultorio. ¿Qué quiere este entrometido? No quiero ni su ayuda ni la de nadie que me pueda juzgar. Su consultorio es pequeño y me hacía sentir incómoda. Me senté con él y muy de a poco, me empezó a preguntar cómo estaba, cómo me iba en el colegio, qué hago los fines de semana, con quién vivo y demás boludeces que no quería contestar y que hacía por obligación, como todo en mi vida. Aunque, muy de a poco, me inspiraba confianza. Sus ojos mostraban tristeza, pero a su vez una fortaleza increíble. Alguien con ojos tristes puede reconocer a otro de su especie; frente a mis ojos, encontré a alguien como yo. Y por eso, inesperadamente hasta para mí, suspiré y empecé a contarle quién era Rolando, mi psiquiatra, por qué iba, cómo me sentía conmigo misma, la soledad que siento cada vez que piso el colegio.
Cuando por fin terminé de contarle todo, sentí que me saqué una enorme mochila que me molestaba. Pero instantáneamente, los ojos del psicopedagogo cambiaron radicalmente y no me transmitían la misma confianza. Luz, fallaste de nuevo.
-Luz, todo lo que me contás es muy fuerte y creo que esto no puede quedar entre nosotros. Estás pasando por una situación muy difícil, esto tienen que saberlo los rectores para que se lo puedan comunicar a tu familia y así puedan hacer algo al respecto. Me asusta que no puedas llegar a tener un límite y que esta soledad te lleve a una luz oscura de la cual no puedas volver.
¿Qué dijo? ¿A los rectores? ¿A mi familia? No, no puede ser. Confié en él y me decepcionó, como todos lo hacen. Pero esta vez fue la última; y no sólo de él, sino de todos.

 Clonazepam. Pastillitas mágicas para aliviar el dolor. El dolor que me desgarra poco a poco y cada día más. Las llevé al colegio, como todos los días, y hoy me iban a ayudar. Chau. A todos, al dolor, a los que me entienden, a los que no, a los que me quieren, a los que me odian, a los que me traicionaron y a todo aquel que logró que hoy quiera morir. Tragué las pastillas y me decidí a seguir la luz; esa luz oscura que me nombró el psicopedagogo. Esa tan temida y odiada por todos, y tan esperada y querida por mí.

Cerré los ojos y me desmayé en el piso. Allá voy. Quizás allí me acepten como soy.

10 agosto, 2013

El camino de la vocación.

Hablemos de algo que muchos no saben lo que es y es un concepto que tendrían que entender todos aquellos que trabajan o tienen dicha actividad como futuro cercano: la vocación. La vocación son nuestros sueños, nuestros anhelos, lo que nos inspira. Son la expresión de nuestros valores.

Generalmente uno asocia a la vocación con su carrera universitaria o con su trabajo. Y es una asociación errónea en la mayoría de los casos. Muchos tienen la suerte de trabajar de eso que les gusta, eso que les sale bien desde chicos, eso que siempre tuvieron el sueño hacer y hoy pueden cumplirlo.
Y muchos otros, al entrar en la vorágine del mundo adulto, en donde todo es instantáneo, donde el dinero tiene papel protagónico y donde lo único que importa es rendir bien, más allá de los deseos o gustos de cada persona, no pueden cumplir con ese sueño de dedicarse a lo que les gusta y tienen que conformarse con carreras y trabajos que generan quizás mucho dinero pero poca felicidad.

Por eso, si estás decidiendo qué estudiar, no pienses en qué te va a traer más plata o qué trabajo te va a garantizar un puesto jerárquico; pensá en cuán feliz querés vivir, en cuántos sueños querés cumplir, en qué querés contarles a tus hijos el día de mañana.

No gastes tu tiempo en justificarte diciendo que tu vocación no genera la plata que necesitarías para vivir. Porque siempre existen casos especiales, aquellas mentes brillantes, esos que parecen bañados en magia, que rompen con el promedio y son grandes en lo suyo. Ellos se guiaron por sus sueños y no por los de otros. Y su esfuerzo y reales ganas de mejorar y de ser los mejores los hicieron llegar, justamente, a eso, a ser los mejores.

Por eso, está solo en vos elegir con cuáles de estos dos testimonios creés que vas a sentirte identificado a la hora de sentarte con tus hijos o con alguien más y contarles acerca de tu vocación:

  • Realmente me hubiera gustado ser músico, siempre me gustó la música. Cuando mis dedos tocaban una guitarra mi humor tenía un cambio radical, podía pasar tardes enteras intentando componer melodías propias y tocando canciones que me gustaban. Ese hubiera sido mi sueño, pero me metí a estudiar Ingeniería Civil aunque no me gustaba y hoy gano mucha plata y soy un tipo exitoso.
  • Nunca me gustó ni la matemática ni la lengua ni la fisica ni los idiomas: Siempre tuve claro que mi fuerte era la música. Me das una guitarra y me salen cosas que ni yo sabía que podía hacer. Quizás siendo músico no gano la plata que gana un arquitecto o un ingeniero civil, pero puedo decirte que cumplí mi sueño. La música es más que un poco de sonido para mí. La música es mi vocación, es gran parte de mi vida y hoy agradezco poder decir que mi trabajo es mi vocación.


Hoy estás al borde de dos caminos. El primero te garantiza dinero, prestigio y posición, pero tenés que dejar atrás tus sueños para pasar a llamarlos frustraciones. El primer camino te lleva al éxito, sin tener en cuenta nada más que eso, el éxito. El segundo es un camino complicado, lleno de competencia y donde vas a sentir que no sobresalís, que sos un simple gris, pero cuando termine ese camino, vas a encontrar un arcoiris que te va a llenar el alma de magia, vas a poder ser lo que siempre quisiste ser y nadie te va a frenar tu camino. El segundo camino es el que te lleva hacia tu vocación.
¿En cuál caminamos?

07 agosto, 2013

Huracán.

Sentado. Dejando pasar la vida. Así estaba.
La vida me consumía. Me cansaba salir al juego, prefería verlo desde un lugar escondido y seguro. Estaba cansado de pretender, de jugar a ser, de actuar, de no cambiar. Necesitaba un cambio. Un cambio radical.

Necesito un cambio que altere mi vida. Y no para seguir sentado, dejando pasar la vida, sino para empezar a jugar, a competir, a soñar.
Un huracán de cambios que venga de paseo por mi alma.
Un huracán que viene desde lejos cambiando todo a su paso. Y ahora me toca a mí.

Viene el huracán.
Me enfrento al huracán.
Él me ganó.
Soy el huracán. Me consumí. Por él.
1,2,3. ¡BUUU! Bienvenido.


Estoy pasando la vida. O quizás acompañando a otros a que puedan hacerlo.
Soy el huracán. El cambio, el giro, la diferencia.

Soy el huracán. Para siempre.

03 agosto, 2013

De repente.

Y de repente caés en la cuenta que esconder las cosas hasta de uno mismo no te beneficia.
Que querer ser lo que no sos te ayuda. A caer.
Que aceptar lo que sos te cambia el panorama.
Que amarte hace que ames a otros. Y que te amen.
Que cambiar a veces está bueno.
Que aceptar es madurar.

De repente caés en la cuenta que tu vida es linda, pero solamente estabas mirándola desde los binoculares equivocados.

30 julio, 2013

Al otro lado del espejo.

Desde muy pequeño siempre me resultaron divertidos los espejos. Verte a vos mismo, saber cómo nos ve la gente, poder ver con detalle tus cosas lindas, tus cosas feas. El espejo nos muestra todo.

Pero cuando querés tocar lo que ves, te chocás con él y no podés acercarte más. El espejo nos limita. Ahora bien, ¿alguna vez se pusieron a pensar el por qué?
Desde una perspectiva más técnica, se sabe que un espejo es una superficie pulida en la que, al incidir la luz, se refleja lo que está frente a ella siguiendo las leyes de la reflexión. Pero para todo existe una perspectiva más mística.

El espejo nos protege de lo que nosotros no conocemos: el otro lado. Es el límite entre dos mundos; el que conocemos, el que transitamos y vamos a transitar siempre. Y el otro, el desconocido, el que hasta ahora nadie pudo pisar. El espejo es la frontera entre esos dos lugares.

¿Por qué no podemos pasar? ¿Qué hay al otro lado del espejo?
Allá, en el otro mundo, la vida debe ser oscura, fría, llena de injusticia, de dolor y de miedo. Entonces el espejo nos refleja a nosotros, pero en ese mundo; cómo seríamos nosotros a la hora de vivir allí. Pero no nos permite pasar y comprobarlo porque, justamente, no quiere que esa reflexión se convierta en una realidad. Solo él sabe por qué.


Pero, ¿y si somos nosotros quienes vivimos en un mundo oscuro, frío, injusto, doloroso y aterrador? ¿Quién nos asegura que el espejo refleja nuestro lado oscuro? Puede mostrarnos lo bien que estaríamos allá, sin prejuicios, ni corazones o almas rotas. Y tampoco nos da la posibilidad de vivirlo. Porque quizás nosotros somos la reflexión de quienes viven felices. Por eso existirían los monstruos internos de cada uno. Cuando nos miramos al espejo, nosotros somos los que nos sentimos horribles, los que queremos romper ese espejo y no volvernos a mirar nunca más. Pero, al otro lado, quizás la persona ama su figura y es nuestra antítesis.


Desde muy pequeño, me resultaron divertidos los espejos. Hoy me dan curiosidad. ¿De qué nos protege? ¿De quién nos esconde? ¿Quién anda por ahí, al otro lado del espejo?
Quizás algún día lo sepamos.

28 julio, 2013

Quiero quererme.

Quererse a uno mismo es una tarea difícil.

No quererme y resaltar mis propios defectos es lo que sale automáticamente cuando me veo al espejo. Y eso es lo que reflejo a la hora de relacionarme. Sentirme feo, inútil, molesto, entrometido y pesado son cosas típicas cuando hablo con alguien. Y quizás la otra persona puede creer que soy capaz, o quizás no, pero no piensa lo que yo sí pienso. Pero yo tengo tan adentro mío que yo soy así que no puedo asumir que los demás si pueden quererme más de lo que me quiero yo.

Hay momentos en los que me canso de ser así y de salir perdiendo a la hora de compararme. Me canso de ser yo siempre quien empieza a hablar, quien tiene que insistir y quien tiene que resignarse y esconderse y llorar bajo la pregunta "Qué tengo?" o "Qué hice mal?".

Quizás algún día sí logre resaltarme en algo. En algo que me sirva a mí para reconfortar mi autoestima. Espero algún día poder mirarme y decir "Estoy orgulloso de quién soy, de quién hago mostrar a los demás que soy, y de quién me convertí por mis logros". Espero algún día poder quererme.

Quiero quererme.
Pero me olvidé cómo.

18 julio, 2013

Delirios sociales.

La sociedad de hoy en día es el escenario protagonista y causante principal de nuestros delirios, como la búsqueda de la belleza ideal, el constante adelgazamiento como sinónimo erróneo de perfección, la discriminación desmedida como símbolo de superioridad, el vivir en una vorágine constante, el sentirnos desilusionados por todo lo que hacemos porque siempre hay alguien que critica tu esfuerzos.
Voy a hablar un poco más en profundidad de cada uno de estos delirios:
  • La búsqueda de la belleza ideal: Desde tiempos inmemorables, diversas personas intentan buscar un significado de belleza que abarque el concepto que todas las personas tenemos de ella. Pero nadie lo encontró. Nadie logra encontrar una definición de la belleza porque es un concepto abstracto, tan grande y tan diverso como los seres humanos. Para mí algo es bello pero para otros no, y viceversa. Entonces, ¿por qué tenemos esa necesidad de buscar esa belleza ideal que nadie tiene? Amate y sentite bello por cómo querés ser, no por cómo te indiquen que tenés que ser. Eso va a atraer gente. Querete y sentite bello vos para que otros lo hagan.
  • El constante adelgazamiento como sinónimo erróneo de perfección: La anorexia es algo casi constante en los adolescentes. Y lamentablemente no digo "las", porque también existen hombres que sufren por su estética y elijen el no comer. Creer que ser flaco es sinónimo de ser lindo es algo que la sociedad quiere tatuar en las mentes más débiles, las de los niños y adolescentes, para que sean esclavos del capitalismo y los medios de comunicación. Ser flaco no te define como ser estético. Comé lo que quieras, no te guíes por un número para definir tu belleza y tu felicidad, no es necesario.
  • La discriminación desmedida como símbolo de superioridad: "el puto", "la torta", "la gorda esa", "el negro aquel", "esa, la de granos", "la inútil esa" y la lista sigue. ¿Quién sos para resaltar los defectos de otros? ¿Afrodita? ¿Dios? No. Sos un simple ser humano que también tiene defectos. Entonces, dejá en paz a la lesbiana o al gay, al asumido y al que no lo logró, al morocho, o a cualquier persona que, como vos, tiene defectos. Porque marcarle a otros lo que no tiene no te suma nada a vos.
  • La vorágine: Todo es ahora, ya, sin descanso. Ya, bajá de peso. Ya, asumite. Ya, cogé. Ya, cumplí, sé el hijo perfecto, la madre ideal, el amigo de oro. Ya, ya, ya. STOP. De esta me bajo. No es todo ya, todo es a su tiempo, porque las cosas, cuando se hacen sin su debido tiempo, salen mal. Y no quisiéramos que salgan mal cosas cruciales para nuestra vida. En conclusión, no te apures en hacer nada que vos no quieras o no puedas. En algún momento vas a poder hacerlo, aunque sea años después de todo tu grupo de amigos o de hasta la misma sociedad.
  • La desilusión ante la crítica: Como no somos perfectos para lo que la sociedad establece, nos desilusionamos. No somos flacos, no tenemos cutis perfecto, no sabemos 5 idiomas, no tenemos un doctorado en una carrera dificil, no tenemos la familia ideal, y muchos otros "no tenemos" que nos limitan a desilusionarnos y creer que somos unos idiotas que no podemos lograr nada. Y a la vez, de la mano, va la crítica. Propia y ajena. El criticarnos porque no sabemos hacer nada, porque no nos sale nada, porque somos unos pelotudos y porque no somos como aquel otro que la vida le sonríe y le sale todo maravilloso. Y por otro lado, la exigencia de otras personas, que esperan de nosotros mucho más de lo que podemos dar, mucho más allá de lo que hasta nosotros mismos quisiéramos poder ser. La exigencia de otros, mejores y más capaces, que destruye nuestra autoestima y nos vuelve a traer ese sentimiento de desilusión. Un círculo vicioso que puede terminarse sin tanta crítica a temas que no nos incumben y más atención a la vida de cada uno.

En fin, la sociedad nos brinda estos delirios sociales, entre muchos otros. 
Estos delirios que, como la misma palabra lo indica, son locuras, cosas que no existen y no existirán nunca. Obviamente locuras impuestas por nuestra mente, con la ayuda estelar de los medios, las otras personas, los ideales irreales de belleza y de calidad de vida, la exigencia desmedida y la comparación con el otro, generalmente en desventaja nuestra.

No dejes que tu mente se llene de estos delirios. Sonreí, hacele un lindo fuck you a todas estas ideas y viví la vida como vos creas que tenés que vivirla. Tu felicidad va a irradiar felicidad a otras personas y, ¿quién dice? Quizás sonriendo podamos cambiar el mundo.

14 julio, 2013

Quiero.

Por fin me he decidido a ser valiente, ir de frente, guiarme por el corazón y no por la razón. Las manos me temblaban, el cuerpo me pesaba, el corazón latía fuerte, pero me sentía feliz. Lo sé, lo siento en tu mirada, en la media sonrisa que aparece cuando pienso en vos. Siento que lo sentís vos también.

Quiero que sepas que sí, admito que cambia mi forma de ser cuando hablo con vos, admito que me quedo completamente embobado con tus palabras y tus demostraciones repentinas de afecto. Quiero estar con vos, quiero que seas vos quien me llame cuando necesita a alguien, quiero que sea tu nombre el que escriba en mi agenda inconscientemente junto a miles de corazones, quiero que sean tus mensajes los que terminen con un ''te amo'', quiero que sea con vos con quien sienta mariposas en el estómago, quiero que seas vos quien esté en mi cabeza día y noche, quiero todo eso. Porque te quiero, a vos, a tus virtudes y tus defectos. Quiero que podamos compartir una fecha, un lugar mágico, una canción especial y una frase única. Quiero compartir con vos los mejores momentos de mi vida, así, sin rodeos ni complicaciones.

10 julio, 2013

Mamá.

Mamá es un cohete rápido que va por casa disparado y que está en todas partes al mismo tiempo.
Mamá es esa malabarista que pone el lavarropas con una mano, mientras cocina con la otra, sosteniendo las facturas que hay que pagar con la pera y discutiendo por celular con una profesora que me trató mal.
Mamá es esa maga que puede hacer desaparecer lágrimas con un beso.
Mamá es esa Mujer Maravilla capaz de levantarme si me caigo.
Mamá es esa campeona de atletismo, capaz de llegar en décimas de segundo a mi lado para evitar que me mate por las escaleras.
Mamá es esa heroína que vence siempre a mis pesadillas con una caricia.
Mamá es esa señora con más tiempo para enseñar y compartir cosas conmigo que para ir a la peluquería.
Mamá es esa persona que lee e inventa las historias más divertidas sólo para que me calme y pueda dormir.
Mamá es esa señora que lleva en el bolso pañuelitos por si tengo mocos, comida, un sweater por si tengo frío y un libro por si me aburro.
Mamá es esa chef que es capaz de hacerme una cena riquísima con dos boludeces que quedaban en la heladera porque está cargada de trabajo y no pudo ir a comprar, aunque se quede ella sin comer.
Mamá es ese médico que sabe con sólo mirarme si tengo fiebre, cuánta, y si realmente tengo que faltar al colegio o simplemente quiero seguir durmiendo.
Mamá es esa economista capaz de ponerse la ropa de hace cientos de años para que yo vaya lindo a bailar.
Mamá es esa cantante que todas las noches canta la canción más dulce mientras me acaricia para dormir.
Mamá es esa payasa que hace que me muera de risa con solo mover la cara o hacerme cosquillas.
Mamá es esa sonámbula que puede levantarse dormida a las 4 de la mañana para mirar si estoy bien, si llegué a casa, para taparme, darme jarabe para la tos o un poco de agua... todo a oscuras y sin despertarse.

¿La ves? Es aquella, la más hermosa, la que sonríe a pesar de los problemas, de sus propios problemas. La que nunca bajó los brazos por verme feliz, la que nunca dejó de luchar por mis sueños, aunque no muchos de los suyos pudo cumplir. La que con una chocolatada y unas galletitas me salva de mis peores angustias.
La mejor mamá del mundo.

Monstruos del espejo.

Me miré al espejo. Veía ojeras y, detrás de ellas, un mundo que se caía, un mundo cansado, triste, oscuro. Ese espejo reflejaba lo que nunca quise ver, lo que vivía escondiendo, y lo que no quería ni podía ver. El espejo mostraba cada centímetro de mí, cada pequeño detalle de mi cuerpo y de todo mi ser. El espejo reflejaba alguien que no era yo. Alguien diferente, más oscuro, distante e inmensamente triste. Ese maldito espejo mostraba la realidad que no quería ver de mí mismo. Mostraba quién era.

Pasaban los días y no miraba el espejo. No lo miraba porque no me sentía listo para volver a enfrentarme. Ver el monstruo que me rasguñaba las entrañas, poder verlo a través de ese espejo. Quería liberar el monstruo que existía dentro de mí pero no tenía el coraje ni la fuerza para hacerlo. Quería salir. Ser feliz.

Hoy. El gran momento. Espejo, te juego la revancha.
Me miré. Allí estaba yo, mi pelo alborotado, mi camisa roja, mis jeans negros, mis zapatillas, mi barba, mis anteojos, mis anillos, mis pulseras. Pero no había señales de nada. Solo yo, mi cuerpo, mis cosas lindas y las no tanto. Yo.

Y en ese mismo momento aprendí que nuestro monstruo vive de nuestros complejos. No de los defectos propios de cada ser, como puede ser una frente ancha, una nariz grande o unos kilos de más. Sino esos complejos creados por nuestra propia mentalidad. Esos complejos que crea nuestro monstruo interno para destruirnos. Y construirse él. Y que cuando dejás de darle de comer y te preocupás justamente por eso, por no preocuparte, el monstruo se debilita y desaparece, como por arte de magia, para siempre.

No dejes que tu monstruo invada tu cuerpo. Sé feliz como sos, con tu frente ancha, tu nariz grande, tus kilos de más, tus lunares y todo lo que sentís feo de vos mismo. Todos tenemos nuestra belleza, todos tenemos algo por lo cual sentirnos orgullosos. No dejes que tu monstruo del espejo te robe esa belleza. No dejes que aparezca en tu espejo. No dejes que el maldito monstruo del espejo gane la pelea.

06 julio, 2013

tenerte lejos.

Tenerte lejos cuando más te necesito es una de las peores cosas que me pasan.
Tenerte lejos cuando más quiero tenerte cerca es una de las cosas que más odio de mí.
Tenerte lejos cada vez que quiero abrazarte es el peor castigo.
Tenerte lejos cada día que tengo ganas de salir con vos es lo más feo de todo.
Tenerte lejos. Eso ya es feo. Porque no quiero, no me gusta y hay veces que no lo aguanto.

Tenerte cerca. Para siempre. Eso sí sería una de las cosas más lindas que podrías hacer. O mejor dicho: Que podríamos hacer. Juntos.

25 junio, 2013

Y hubo un día en el que te dejé ir.

Nuestra relación, mi vida, la tuya, la nuestra. Todo se caía a pedazos. No había manera de sostenerlo, o al menos eso creíamos los dos. Y, como un castillo de naipes, nuestra relación se desplomó. Se desplomó y en ese momento sentí que yo también lo hacía. Y que a vos no te importaba, porque vos sí estás bien. Sentía que a vos te parecía lo correcto, que está bien que nos separemos y que nuestra historia se bifurque, para nunca volvernos a ver.
Pero sabés qué? No puedo. No puedo, no me sale. Estoy programado para vivir y ser feliz con vos. Todas las personas estamos llenas de errores, de desaciertos, de actos y comentarios fallidos, y aún así siguen en pie. Lo nuestro es un pequeño tropiezo, es algo que con el tiempo va a mejorar. Porque confío en nosotros y en lo que sentimos. O al menos en lo que yo siento.

Lamentablemente te dejé ir. Hoy ya no estás y yo tampoco estoy. Vos no estás en mi vida y yo no estoy en la mía.
Sigo en vos. Porque hubo un día en el que te dejé ir, pero mi alma también se fue, con vos.
Seguís en mí. Porque hubo un día en el que te fuiste, pero, para mí, para nuestro amor, no lo hiciste.

18 junio, 2013

Real

Me hacés sentir real. Cuando aparecés, mi cuerpo vibra, se despierta, brilla como una estrella en el medio de la noche. Me hacés sentir feliz, tan feliz, casi como si no tuviera problemas. Lográs que quiera cosas que ni yo pensaba que alguna vez podría querer, hacés que yo me vea como ni siquiera pensaba que algún día podría hacerlo. Hacés que sonría mientras me caen mis peores y más grandes lágrimas. Sólo con tus palabras lográs todo eso y más. Lo lográs vos, y tu bella presencia. 

Por eso, por favor, no dejes de hacerlo, no por ahora, ni nunca. Es que, en serio, hoy no quiero apagarme. Tengo mucho por qué brillar todavía, siento que tengo muchas cosas para hacerlo o para brillar cada vez un poquito más, y tu presencia es la base de este brillo. No quiero sentirme irreal, porque así me siento al estar sin vos. Dejame seguir siendo como soy.

Seguí siendo vos. Y así, puedo ser yo.

12 junio, 2013

Carretera.

Me quiero escapar de mí. Corro hacia todas partes buscando una salida rápida. Corro con prisa, con desesperación y con un miedo frío que me recorre el cuerpo. Hasta que con mis pies siento que recorro esta vieja carretera, la transito con la ilusión de terminar en un buen lugar. Camino, y cada paso me fortalece. El viento me pega en la cara, es una mañana tan fría. El sol me molesta pero sigo en mi camino. Esta carretera me hace acordar a mí: solitaria, gastada, pacífica. Nadie más que yo camina en esta vieja carretera.
Los minutos pasan y yo sigo caminando con un rumbo definido. No sé donde voy a terminar, no sé por qué estoy caminando, no sé por qué siento que no hago lo correcto y aún así sigo caminando. Creo que la vida se trata de eso, de hacer las cosas que sientas aunque pienses que no son correctas.
De repente, la carretera termina. Termina, y lo que antes era un extenso pavimento, ahora es una angosta calle de tierra que conduce a un bosque. Podía elegir volver a donde empecé, y no arriesgar mi vida en el intento de descubrir algo nuevo. Pero no quería volver. Entonces giré, miré al cielo, al horizonte y levanté la mano saludando a quién sabe qué cosa, o qué persona. Sentía que era una despedida a todos.
Pisé la calle de tierra y sabía que el juego había comenzado. El bosque era inmenso, maravilloso. Caminaba y casi no prestaba atención al camino, ¿cómo iba a poder hacerlo? Era imposible. La diversidad de árboles, plantas, flores y pájaros era increíble.
En un momento empecé a sentirme perdido, ya estaba adentro del bosque y no sabía dónde podía ir. Encontré, entre los árboles, un camino que me llevaba a lo que yo creía que era mi salvación. Desde donde estaba se veía una calle de asfalto, una cerca de madera y mucho pasto. Caminé corriendo hacia allá, rápido, fugaz y sin pensar en lo que venía. Exactamente de la misma manera en la que corrí hacia la carretera cuando empecé en esta propia búsqueda. Ya casi llego, vamos, más rápido. Las piernas me duelen de tanto correr, de tanto escapar.
Llegué a la calle. Era tan solitaria que daba miedo. Empecé a caminarla con susto, y misterio. Camino, y cada paso me debilita. La brisa de la tarde me llena de frío y me provoca un pequeño temblor. Qué tarde tan fría. Sigo sin saber dónde voy a terminar y no sé por qué decidí empezar este camino. De repente, la carretera terminó y veo a mi madre esperándome en la puerta. "Entrá, hace frío".

Y en ese momento, descubrí que la vida se trata de eso; un círculo constante en el que tenés que hacer las cosas que creés mejores, no las que creés correctas. Todos nosotros vivimos buscando nuestra carretera, nuestro bosque... nuestra salvación.
No perdés nada buscándola una vez más.

10 junio, 2013

Buen viaje.

Las valijas, terminadas. Los pasajes, sobre la mesa de roble. ¿A dónde voy? No tengo la menor idea, pero necesito irme. Escaparme de todo, hasta de mi propia sombra. Porque siento que hoy mi solución es esa, escaparme de lo que me hace mal, no me siento listo para enfrentarlo. Siento que me derrumbaría, que me caería, y sé perfectamente que esa caída no tiene final. Y si lo tiene, es tan profundo y oscuro que no puedo contarlo.
Por eso decido irme. Para empezar de nuevo, solo. No hacer lo mismo que hago acá, no cometer los mismos errores, no repetir las mismas historias, no esconder los mismos secretos. Me voy para ser quien yo siempre deseé ser y no pude. ¿Por qué no pude? Porque no me lo permiten ni me lo permito yo. Principalmente yo.
Me voy para no volver nunca más. No me llamen, no volveré. No me esperen, no van a tener noticias. No pregunten por mí, voy a estar bien, sin ustedes.
Un simple "Hasta pronto, buen viaje" es todo lo que escucho. Cerré la puerta y grité. Por fin, por fin solo, libre, suelto, liviano y frágil como una brisa de primavera que estrena el día. Por fin iba a lograr empezar mi vida otra vez. Tuve una segunda oportunidad, un nuevo libro vacío se ha abierto y tenía la posibilidad de comenzar a escribirlo otra vez.

Los días pasan y aquí estoy yo, viajando por algún lugar que no sé cuál es. Muchos árboles, calles de asfalto, flores. El colectivo pasa por ahí y el aire que entra por la ventana me pega en la cara. Me sentía completamente renovado.
Llego a un lugar que no puedo describir de lo bello que es. Es lo que soñé desde muy pequeño. Mi paraíso.
Conseguí una casa frente al mar, donde desempaqué y coloqué mi ropa, algunos objetos que pude traerme, fotos, y muchos carteles.
Pasaron semanas y yo sentía que mi vida cobraba nuevamente sentido. Conseguí trabajo como maestro en una pequeña escuela, mis alumnos me aman y yo los amo a ellos y me siento radiante. Logré mi sueño, soy feliz por un rato. Aprovecharé al máximo este rato, nunca se sabe cuándo puede terminar.

Junio. Frío, solitario, oscuro. El peor Junio de mi vida.
Salí a trabajar mientras fumaba un poco y no ví que un gran camión venía sin frenos a toda velocidad. La bocina sonó demasiado tarde y me arrolló. Sentí las ruedas en mis costillas y de repente, cerré los ojos.
Me siento parte del viento, porque soy parte de él. O quizás soy el viento.
Me levanté y dejé mi cuerpo dolido tirado en esa calle. Y mientras volaba, logré repetirme a mí mismo:

Buen viaje.

08 junio, 2013

Lágrimas.

Podría dar la fórmula química de la lágrima para definirla, pero creo que sería una estupidez. Sabemos que es un líquido que sirve para lavar el globo ocular, pero una lágrima es más que un simple líquido.
Entonces, ¿qué son las lágrimas? Son la consecuencia de contener hasta no poder más. Una alarma del cuerpo, un sinónimo de "ya no puedo más".
Lloramos cuando necesitamos mostrar que, ya sea la alegría o la tristeza, nos invade. Podemos llorar por un sueño cumplido, un objetivo bien desarrollado, una buena noticia. Como también podemos llorar por una pérdida, una decepción, una mentira o cuando caemos en la cuenta de que el tren que nos correspondía pasó por nuestra estación y no lo tomamos.
Llorar es sano, es renovador, descargante, hermoso. Es liberar lo que tenemos adentro y no podemos sacar de ninguna otra manera. ¿Quién dijo que está mal? ¿Y quién establece las reglas de quién puede llorar y quién no? ¿La sociedad? ¿La misma sociedad que critica quien piensa distinto a sus parámetros y la discrimina? Qué lindos antecedentes.

Nunca tengas miedo de llorar ni de mostrar tu debilidad, porque nunca sabés quién puede estar viéndote. Nunca sabés quién puede estar calmándote sin que vos lo sepas. No sabés quién puede estar salvándote.

29 marzo, 2013

Superhéroe

Sos mi superhéroe, así te llamo, y no lo sabés.
Sos quien me salva de mis malas acciones. Sos quien hace que valore las buenas. Sos quien me salva en cada momento con cada palabra. Sos quien me ayuda a escapar del miedo, de la soledad y de la angustia. Sos quien salva a mi cuerpo de mi ira. Sos quien me salva de mí mismo.
Sos mi superhéroe, como los de las historietas. Y no quiero que te vayas. Quiero que estés siempre conmigo, apoyando cada paso que camine, sosteniendo cada caída y animando cada tristeza. Porque vos sos quien logra que yo pueda cambiar. Mi cuerpo se adaptó a vos y no quiero que me dejes. No me abandones como lo hacen todos.
Sos mi superhéroe, así te llamo, y no lo sabés. Pero qué bien que lo hacés.

05 marzo, 2013

Al borde de la pendiente.

Siempre se dice que la vida es un círculo; que un día podés estar en la cresta de la ola, en tu mejor momento, feliz. Básicamente eso, feliz. Hasta que de repente, como en las mejores montañas rusas, te toca ver la pendiente y caer. Caés y sentís que esa caída no tiene final.
¿Y qué siente uno al caer? Siente soledad. Siente miedo. Siente angustia. Ganas de salir.
Caer implica estar lejos de un sueño, lejos de cualquier propósito.

Los seres humanos somos como cristales. ¿Qué le ocurre a un cristal cuando se cae? Se rompe, en muchos pedazos. Y puede arreglarse, cuesta mucho, pero puede arreglarse. Aunque jamás volverá a ser lo que era antes de caerse. Eso nos pasa a nosotros: Cuando caemos podemos salir, pero ese pasado oscuro y horrible nos perseguirá siempre.

La vida es un círculo. Disfrutá cada momento en el que seas feliz, porque nunca sabés cuándo podés estar al borde de la pendiente.

16 febrero, 2013

El mundo mejorará cuando existan más heridas cerradas y más corazones abiertos.

Volver.

Qué feo suena el verbo "Volver" en esta época del año. Significa que la rutina toca la puerta y esta vez tengo que abrirle. Y con ella vienen, en combo, las obligaciones. Las obligaciones a las cuales intento huir desde hace un tiempo. 
¿Por qué tienen que venir? Todos queremos vacaciones, ustedes y yo. Hagamos un acuerdo secreto y sigamos de vacaciones todos, ¿dale? Bueno, mejor me callo.
Decía: El levantarse temprano, sufrir el calor, después el frío, verle la cara a gente indeseable, todas obligaciones pesadas y detestables. ¡Pero también vienen cosas lindas! pensemos cuáles; nuevas anécdotas, nuevos momentos, conocemos nueva gente (nunca olvidemos que el público se renueva), y obviamente ver gente que no ves hace mucho tiempo y extrañás con locura. Nada más lindo después de unas lindas vacaciones que estar con alguien que querés y extrañabas y ponerse al tanto de sus nuevas noticias.

El año empieza. ¿Qué nos traerá? ¿Acaso nuevas amistades? ¿Nuevas desilusiones? ¿Un amor? ¿Quién sabe? Sólo tenemos que esperar que el destino nos sorprenda. Tenemos que esperar que la vida nos de la oportunidad de vivirla.
¿Vos cómo la querés vivir?

15 febrero, 2013

HoY

Tenemos casas más grandes, pero familias más chicas. 
Tenemos más compromisos, pero menos tiempo.
Tenemos más medicinas, pero menos salud.
Hemos multiplicado nuestras fortunas, pero hemos reducido nuestros valores.
Hablamos mucho, amamos poco y odiamos demasiado.
Hemos llegado a la Luna y regresamos, pero tenemos problemas para cruzar la calle y conocer a nuestro vecino.
Hemos conquistado el espacio exterior pero no el interior.
Tenemos mayores ingresos, pero menos moral.
Estos son tiempos con más libertad, pero menos alegría.
Tiempos con más comida, pero menos nutrición.
Son días en los que llegan dos sueldos a casa, pero aumentan los divorcios.
Son tiempos de casas más lindas, pero más hogares rotos.

 ¿Qué nos pasó?

14 febrero, 2013

ganemos la pelea.

Escribirte se me hace difícil, mi gran luchador. ¿Cómo comenzar a escribir? ¿Qué decir? ¿Cómo decirlo? La hoja en blanco aterra, pero intentaré ser simple.
Tu frágil cuerpo lucha día a día por sonreír una vez más, por ver una vez más la luz del Sol. Tu cuerpo de cristal cada día se desvanece un poco más. Y eso no nos anima ni un poco, sabés? Porque te amamos y queremos verte bien. Porque sos el Sol que ilumina mis días y la más grande y poderosa estrella de todas mis noches. Con solo verte a los ojos, mi mundo cambia.
Apenas has comenzado a vivir y ya tenés obstáculos en el camino. Este obstáculo se llama Oligodendroglioma, un tumor cancerígeno. Y esta piedra en tu bello camino no te permite ser un humano feliz. Ni a vos ni a ninguno de los miembros de tu familia.

Sé cuánto sufrís. Sé que tenés miedo, sé que querés que todo termine rápido. Pero, mi gran luchador, nunca te olvides que nunca estás ni estarás solo en esta vida mientras yo esté vivo. Quedate más que tranquilo, todos estamos con vos. Estamos de manera incondicional, yo y muchísimas otras personas (si supieras cuántas, mi pequeño angelito...) y ninguno de nosotros nos vamos a mover hasta que te cures. Porque sé que existen los milagros y te garantizo que vos serás uno de ellos.
Quiero que sepas que tu lucha no cae en saco roto; tu lucha trae emoción, llanto, incertidumbre, ansiedad. Ganas de que las cosas sean diferentes. Poder llevarte a un cumpleaños, a una plaza, a un pelotero. Y no tener que encerrarme en una habitación de un hospital para entretenerte. Esto no es vida, campeón. Esto no es para vos.
Sabemos que te pueden operar, y es nuestra última esperanza. Ya me imagino al médico diciéndonos "La operación salió bien, pronto van a tener a su luchador en su casa, todo esto es un mal recuerdo". Aunque confío plenamente en la mano de tus médicos, también sé que todavía es demasiado temprano para cantar victoria.

Te veo dormido, sereno y tranquilo. Sos nuestro mejor ejemplo, porque es así como se debe estar. Tranquilo, esperando las buenas noticias.
No sé como cerrar estas pequeñas y profundas palabras, quizás hoy no es el momento de hacerlo. Pero quiero que sepas esto, mi pequeño, mi ángel, mi luchador incansable: No te caigas, aunque tus defensas quieran hacerlo. No te rindas, dale pelea a tu enfermedad. No le demuestres que te pueden ganar, sé guerrero, fuerte y luchador.
No te rindas, pequeño. No te rindas y viví. Porque todavía te faltan mil cosas por vivir, por sentir, por experimentar.
No te rindas, ganá la pelea, sé que podés. O mejor dicho, GANEMOS LA PELEA, juntos.


15 de Febrero - Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer Infantil.

Nuestro camino.

La vida es un camino. Un camino que comenzamos de pequeños, cuando venimos al mundo. Tomamos contacto con el piso, quien nos sostendrá hasta vernos morir. Experimentamos, sentimos, aprendemos a vivir en un nuevo mundo, lejano al confortable y amoroso espacio que Mamá nos dió.
Vamos creciendo y ese camino se debe empezar a caminar. Con pasos cortos, divertidos y llenos de pureza. Donde aprendemos las primeras cosas. Las primeras enseñanzas y los primeros errores. Una milésima de la vida.
A medida que vamos creciendo, el camino se va haciendo cada día más extenso y tiene más obstáculos. Se suman personas a nuestro camino. Caminamos juntos. Nos apoyamos unos con otros. No estamos solos. Se viven más experiencias, diferentes a las de cuando eramos chicos. Nuestros primeros grandes errores, quizás. O nuestros primeros pensamientos coherentes y creativos. Estamos transitando la adolescencia, la edad de la pequeña independencia, de la rebeldía, los grandes cambios. La época del cambio de envase; no somos más niños y tampoco adultos.
El camino está en la mitad. La adultez. La época de la independencia total. Ya somos una persona íntegra. Debemos caminar y empezar a hacernos la idea de dejar un camino solitario para emprender un camino común con otra persona, quien te acompañará hasta el final del camino. De sus caminos.
Encontrás a esa persona ideal. Y tu camino se junta con el de esa persona y juntos, con cariño, transitan con pasos enamorados el nuevo futuro.
Se siguen sumando personas a nuestro camino. Los hijos. Pequeños seres que nos recuerdan a cuando recién tocábamos nosotros el piso por primera vez. Ese momento donde todo era incierto. Pero ahora sos vos quien ayuda a ese pequeño ser a transitar su camino. Y de a poco arman su propio camino, dejándote solo para terminar tu trayecto.
Hay gente que sigue en nuestro camino y gente que ya se fue, pero nosotros seguimos concentrados en caminar y nunca parar. Porque ese es el objetivo de la vida: avanzar. A pesar de la caída y a pesar de las pérdidas.
El final del camino se ve, a lo lejos. Llegamos a la vejez. El momento donde podés mirar hacia atrás y recordar todos aquellos pasos que diste en esa calle. Con obstáculos, desvíos, pozos, montañas. Pero por fin llegaste al final. Y recordás con nostalgia y emoción lo que viviste, deseando con toda el alma que, quien recién comienza, transite un viaje pleno y lleno de satisfacción.
Llegaste al final. Cansado y lleno de experiencias, cerrás tu proceso para dejarle el lugar a otro.

Todos transitamos nuestro camino, como podemos y al ritmo que podemos. Pero nunca te permitas cortarlo. Da cada paso con firmeza y seguridad. Podemos tener errores, pero de eso se trata vivir. De aprender a base de lo que está mal. De corregir. Viví tu camino. O quizás algún día, 'nuestro'.

13 febrero, 2013

princesa.

Tenía frío. Pero eso no era excusa para terminar con mi plan. ¿Cuál plan? Ser perfecta. Una princesa.
Hacía 3 días que no comía nada. La comida es mi enemiga. La odio, y ella me odia. La actividad física se convirtió en mi única compañía y en mi mejor amiga. Pasaba todo el día ejercitándome de alguna manera; subiendo y bajando las escaleras, corriendo, saltando, haciendo abdominales en plena madrugada. Ocupaba mi tiempo en ejercitarme para estar linda, o al menos intentar.
Pero nada resulta. Sigo siendo gorda, asquerosa, inútil, estúpida. Me lo escribo cada día para recordarlo. En las muñecas, en el espejo, en papeles. Porque lo soy. Soy obesa. Estúpida. Inútil. No sirvo ni para ser una princesa.
El frío y los mareos se apoderan cada día un poco más de mí, me duele el estómago. Pero no le fallaré a Ana. Me ha prometido ser una princesa, y sé que lo seré, porque Ana también sufre y tampoco come. Y ella logró su sueño y ahora me ayuda a mí a cumplirlo.
Ana, mi fiel compañera, guíame, acompáñame. Dime qué debo hacer para dejar de ser una gorda inútil y ser como quiero ser. Reza por mí, Ana, así lograré salir de este infierno donde estoy viviendo.


Nada es tan rico como verse flaca. Prefiero tener llena el alma y ser una princesa, antes que tener lleno el estómago y ser una gorda. La comida es mi enemiga, lo que como me destruye.


tu infinito.


Nadie alcanza el infinito. Porque nunca termina, siempre falta un poco más. Casi, ya llegás, pero no. Te falta.  Siempre se puede sumar uno más, y otro, y otro. Pero nunca se alcanza al infinito.
El infinito no es algo tan alejado de nuestras vidas. ¿Cuántas veces hemos intentado alcanzar algo y no lo logramos? Deseos, sueños, objetivos. Sentir que estás en puntas de pie, casi rasguñando con la yema de los dedos ese infinito que no parecía tan así. Pero luego se aleja, se cae, se desvanece.

El infinito es algo que nunca podemos ver. Algo que deseamos con todo el alma y no lo alcanzamos. Porque justamente, el infinito es algo sin fin. Algo que nunca podés alcanzar.

¿Cuál es tu infinito?

12 febrero, 2013

Reencuentro.

Terminó de trabajar. Cansado y con ganas de tomarse un buen café, Alexander llegó a su casa, solitaria y ordenada como su personalidad.
Cuando llegó, tomó su taza, su preferida, preparó un rico café cortado y se sentó en su sillón color verde inglés. Mientras probaba los primeros sorbos, alguien tocó la puerta. Ya era algo tarde para recibir visitas, ya todos tendrían que estar cenando en familia o tal vez con algún amigo; pero como Alexander vivía solo, él mismo controlaba sus tiempos y decidió no cenar hoy, sino tomar un rico café. Sonó el timbre, reiterativamente. Fue a atender y era quien no debía ser. No era un amigo, no era un familiar, no era una persona extraña; era la razón de sus sonrisas, de su buen humor, de su constante alegría al pensar en el tiempo libre; era quien lo hace feliz desde que sus corazones se cruzaron, desde que la mirada de uno se encontró con la mirada del otro. Era con quien él soñaba en todo momento. Resultó ser Violette.
-¿Cómo sabías mi dirección? -La tenía hace mucho, creo que me la diste una vez. -Mhm... ¿Querés pasar?
 Ambos sentían un miedo y una incertidumbre abismal. Ambos, cuando se miraban, veían todo ese amor que reprimían y que necesitaban sacar urgentemente. Pero nadie daba un paso atrás y confesaba la verdad. Ambos, como piedras, se mantenían en su postura.
Ya estaban adentro, y Alexander hizo otro café en su taza más nueva y preciada, y le hizo una chocolatada a Violette, ya que la vió temblar cuando entraron. Le puso mucho chocolate, un poco de azúcar, y el más grande amor que cualquier persona pudiera poner. Ya más tranquilos, comenzaron a dispararse preguntas: -¿Qué hizo que vengas a verme tan tarde? -Yo sabía que trabajabas hasta tarde y no quise molestar, ya sabés como soy... -Vos nunca me molestás, lo sabés. Risas entre dientes, y unas ganas tremendas de besarse era lo que se transmitía en el aire en ese pequeño lugar.
Ya era tarde, y ninguno de los dos sabía manejar. Alexander no permitiría que Violette se vaya sola a su casa, a varias cuadras de donde estaba. Había una cama demás y por eso se decidió:
 -Mirá, Vio, no quiero que lo tomes a mal.. Es muy tarde... ¿No querés.... -Ya sé, soy una molestia. Sabía que no debía quedarme. Perdon, es que... -No! Quedate. Pero esperá... Es que qué? -Nada, en serio, abrime por favor que no pasan más taxis sino. -No, decime, por favor. Necesito saber. -Es que no puedo, no me sale. -Vio... Por favor. -Bueno. Es que... vos me hacés feliz cada vez que te veo, hacés que mi estómago me maldiga por tantas mariposas que tengo dentro de él, hacés que no pueda dormir por las noches.. Sos la persona que más amé y que más amo hasta el día de hoy. Y no quiero alejarme de vos ni de tus brazos, nunca más. ¿Comprendés?
Ambos se miraron, durante instantes. Pero para ellos fue una eternidad. Se miraron sin ninguna privacidad, como ellos querían mirarse. Se miraron como los enamorados que eran.
 -Te amo, Alexander, sos mi vida.
-Yo a vos, amor. Gracias por venir. Alegraste mi día... Y mi vida.

Salí del pozo.


"Yo no busco el dolor, qué decís?". Bueno, está bien, escondete atrás de la negación, del no saber, del no entender. Pero todos buscamos el dolor.
¿Y cuando lo encontramos? ¿Cómo reaccionamos? Algunos se escapan, huyen del dolor bajo la excusa estúpida de "Esto no es para mí". ¿No será que no sos una persona suficientemente madura para afrontar las consecuencias?. Otros deciden ingresar el dolor a su vida, e interiorizarlo, dejar que él domine sus cuerpos, sus almas, sus mentes. Sus vidas. Hasta que no pueden interiorizarlo más y lo demuestran externamente. Y ahí es donde se producen dos grandes grupos: los que lo demuestran intencionalmente y los que lo muestran sin querer.

Los que lo muestran sin querer son aquellos que desean con todo su corazón no mostrar que conviven con un dolor tan grande como ellos, y por eso, lo esconden. Lo comen. Lo fuman. Lo beben. En fin, lo llevan adentro. Y lo que todos ven en comida, en un cigarrillo, o en un vaso de whisky, para ellos es el dolor, la angustia, el miedo. Lo que no pueden decir, lo que no les sale contar, lo que deben callar. Usan herramientas para camuflar el dolor. Para que nadie vea que realmente se están metiendo al cuerpo un dolor tan grande y amargo. Hasta que un día, eso no se puede ocultar más porque la gente nota el sobrepeso, o los dientes amarillos, la voz grave, los problemas para respirar, o los problemas excesivos con el alcohol. Llega un punto que no pueden usar más esas herramientas y a su vez tienen más dolor. Porque ahora se les suma el dolor de tener problemas externos aparte de los internos. Ser gordo, ser adicto al alcohol, fumar demasiado. Tocan la puerta de la muerte y, en muchos casos, entran a su casa, y no salen nunca, nunca más.

El segundo grupo, los que lo muestran intencionalmente. ¿Cómo? A través de la flagelación, el maltrato hacia su propio cuerpo. Atacarse a uno mismo. Ser su propio enemigo. Agarrar un cuchillo y pasarlo por los brazos, las piernas, las caderas, las manos. Lo que cada uno pueda. No comer, sentir que la comida es tu peor enemiga, la que aumenta tu dolor, y por eso la eliminás, para eliminar el dolor. Los que comen y sienten que se llenan de dolor y deciden vomitarlo, y junto con los restos de comida tiran el pánico y la angustia que llevan con ellos. Todos ellos exteriorizan sus sentimientos. Se llenaron de dolor y ahora lo eliminan de la peor  manera; lastimándose a ellos mismos. ¿Por qué? Porque sienten que es lo correcto, porque sienten que deben castigarse por sufrir ese dolor, por llevarlo con ellos tanto tiempo y no curarlo. Se sienten culpables cuando son las más grandes víctimas. ¿Víctimas de quién? Del dolor. Del sufrimiento.

Para enfrentarse al dolor hay que ser fuerte. Tenés que llenarte de coraje y de armas para combatir. No es lindo vivir con dolor, pero muchos sienten que el dolor es su única compañía. Prefieren pagar un precio alto por no sentirse solos. Algunos se aferran a la comida, otros a las drogas, otros al tabaco, otros al alcohol, otros al sexo, otros a autoagredirse. Pero todos hacen lo mismo: Llevan dolor en sus almas. Algunos lo llevan con ellos hasta el día que se mueren. Y otros lo exteriorizan con el objetivo de eliminarlo y ser, al fin, felices.

El dolor lastima. Nos hace sufrir. Hace que nos enterremos en un pozo, el cual sentimos que no tiene salida. Pero sí la tiene. Y no tenés que bajar los brazos. Buscá tu salida del pozo. Salí, sé feliz.

¿Se puede?

Se puede escapar de algo que nunca se tuvo?
Se puede dejar de ser algo que nunca fuiste?
Se puede amar algo que nunca tocaste?
Se puede extrañar algo que nunca viste?
Se puede. Claro que se puede. Nos destruye de a poco, de manera sostenida, pero se puede. No nos conviene, nos lastima, nos complica la vida, pero lo hacemos. Tenemos esa necesidad de sufrir y buscar el dolor de cualquier manera. Directa o indirectamente.

Alma, mi pequeña, no sufras.

Despierta mi cuerpo pero mi alma sigue durmiendo. ¿Por qué tienes que dormir si te necesito despierta? ¿No tienes ganas de vivir? ¿No tienes sueños? No sabes lo lindo que es soñar. Sentir que tu vida tiene un propósito.
Pero también te entiendo, pequeña. Entiendo que cuando quieres volar te bajan del aire, como también bajan tus sueños, tus ilusiones, tus deseos. Entiendo que no quieras despertar cuando el despertar significa sufrir, resignar. Entiendo que no desees ni sueñes cuando te faltan ganas.
Vamos, alma, mi pequeña, no sufras y levántate de una vez. Juntos soñemos lo que no pudimos. Lo que nos va a venir. Lo que viviremos.
Alma, mi pequeña, no sufras. Tienes muchos objetivos por cumplir. Despiértate y vívelos. Sé feliz, radiante y especial, sé como eres desde que te conozco.
Vivimos en un mismo cuerpo, por eso entiendo tu dolor y tus ganas de dormir. Dormir y nunca despertar. Pero al menos déjame dormir contigo. El dolor no nos ayuda, nos acompaña pero no nos ayuda. Alma, mi pequeña, déjame ir contigo a donde vayas. Si tú duermes, yo duermo. Ambos dormiremos, para siempre.

Alma, mi pequeña, no sufras.
Y si sufres, déjame compartir contigo tu sufrimiento. Suframos juntos. Y si las cosas no mejoran y el dolor nos gana, preparemos la cama y vayámonos a dormir. Vivamos nuestros sueños, donde podemos volar y ser quien queremos ser. Sin trabas, sin dolores, sin sufrimientos, sin nadie. Sólo tú y yo, pequeña, sólo tú y yo.

Caer.

A veces, siento como si la vida me arrastrara, me sostuviera para luego dejarme caer. A veces siento que no puedo apoyarme ni en mi propia sombra, pensando que algún día caerá. A veces siento que soy un incomprendido, un sapo de otro pozo. A veces siento que el único que entiende mis cosas es, simplemente, yo. Mi alma. Yo y sólo yo, y nadie más. Aunque sé también que sólo yo soy la única persona que jamás me decepcionará, me fallará o me abandonará. Yo nunca dejaré que yo caiga. Porque yo debo ser fuerte, y si yo no me sostengo, pues entonces, ¿quién lo hará? A veces siento que la vida nos da golpes, puños y puños, pero que vienen con lecciones. Con aprendizajes, cosas que debemos integrar a nosotros. Pero el golpe, el impacto, el enfrentamiento con la realidad, duele. Como el más fuerte e increíble puño de quien no esperamos. Duele, y mucho. Pero igualmente dicen que los más fuertes crecen a los golpes. ¿Seré una persona fuerte? ¿O simplemente no quiero aceptar que, después de todo, estos golpes son partes de mi crecimiento, de mi madurez? Ojalá sea un simple pensamiento. Un pensamiento pasajero. Ojalá este pensamiento se vaya junto con la noche bien lejos de mí. Bien, bien lejos. A veces siento que yo mismo soy mi peor enemigo. Quien más me conoce, quien más me entiende, quien más me soporta. Yo mismo. Mi alma es mi salvación y a la vez mi arma más poderosa. Puedo autodestruirme en segundos si me lo propongo. Puedo exprimir mis emociones al punto tal de autodestrozarme. Soy mi mejor amigo y mi peor enemigo. A veces siento que el mundo gira y que yo estoy fuera de él. Como si estuviera en un mundo aparte, donde sólo yo soy el habitante. Nadie puede entrar. No, absolutamente nadie. Yo y nadie más. Y no tomen esto como una postura egoísta; lo hago así porque es mi refugio, mi lugar en… ¿el mundo? No, porque mi mundo es un mundo aparte. Es mi lugar. El lugar donde puedo ser yo mismo, sentirme a salvo de las garras del afuera, las grandes y terribles fuerzas del afuera. A veces, siento que la vida me arrastra, me sostiene, y luego me deja caer. ¿Es la vida o yo mismo quien se deja caer? Nunca lo sabré.