Acá también estoy:

12 febrero, 2013

Caer.

A veces, siento como si la vida me arrastrara, me sostuviera para luego dejarme caer. A veces siento que no puedo apoyarme ni en mi propia sombra, pensando que algún día caerá. A veces siento que soy un incomprendido, un sapo de otro pozo. A veces siento que el único que entiende mis cosas es, simplemente, yo. Mi alma. Yo y sólo yo, y nadie más. Aunque sé también que sólo yo soy la única persona que jamás me decepcionará, me fallará o me abandonará. Yo nunca dejaré que yo caiga. Porque yo debo ser fuerte, y si yo no me sostengo, pues entonces, ¿quién lo hará? A veces siento que la vida nos da golpes, puños y puños, pero que vienen con lecciones. Con aprendizajes, cosas que debemos integrar a nosotros. Pero el golpe, el impacto, el enfrentamiento con la realidad, duele. Como el más fuerte e increíble puño de quien no esperamos. Duele, y mucho. Pero igualmente dicen que los más fuertes crecen a los golpes. ¿Seré una persona fuerte? ¿O simplemente no quiero aceptar que, después de todo, estos golpes son partes de mi crecimiento, de mi madurez? Ojalá sea un simple pensamiento. Un pensamiento pasajero. Ojalá este pensamiento se vaya junto con la noche bien lejos de mí. Bien, bien lejos. A veces siento que yo mismo soy mi peor enemigo. Quien más me conoce, quien más me entiende, quien más me soporta. Yo mismo. Mi alma es mi salvación y a la vez mi arma más poderosa. Puedo autodestruirme en segundos si me lo propongo. Puedo exprimir mis emociones al punto tal de autodestrozarme. Soy mi mejor amigo y mi peor enemigo. A veces siento que el mundo gira y que yo estoy fuera de él. Como si estuviera en un mundo aparte, donde sólo yo soy el habitante. Nadie puede entrar. No, absolutamente nadie. Yo y nadie más. Y no tomen esto como una postura egoísta; lo hago así porque es mi refugio, mi lugar en… ¿el mundo? No, porque mi mundo es un mundo aparte. Es mi lugar. El lugar donde puedo ser yo mismo, sentirme a salvo de las garras del afuera, las grandes y terribles fuerzas del afuera. A veces, siento que la vida me arrastra, me sostiene, y luego me deja caer. ¿Es la vida o yo mismo quien se deja caer? Nunca lo sabré.

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