Acá también estoy:

12 febrero, 2013

Alma, mi pequeña, no sufras.

Despierta mi cuerpo pero mi alma sigue durmiendo. ¿Por qué tienes que dormir si te necesito despierta? ¿No tienes ganas de vivir? ¿No tienes sueños? No sabes lo lindo que es soñar. Sentir que tu vida tiene un propósito.
Pero también te entiendo, pequeña. Entiendo que cuando quieres volar te bajan del aire, como también bajan tus sueños, tus ilusiones, tus deseos. Entiendo que no quieras despertar cuando el despertar significa sufrir, resignar. Entiendo que no desees ni sueñes cuando te faltan ganas.
Vamos, alma, mi pequeña, no sufras y levántate de una vez. Juntos soñemos lo que no pudimos. Lo que nos va a venir. Lo que viviremos.
Alma, mi pequeña, no sufras. Tienes muchos objetivos por cumplir. Despiértate y vívelos. Sé feliz, radiante y especial, sé como eres desde que te conozco.
Vivimos en un mismo cuerpo, por eso entiendo tu dolor y tus ganas de dormir. Dormir y nunca despertar. Pero al menos déjame dormir contigo. El dolor no nos ayuda, nos acompaña pero no nos ayuda. Alma, mi pequeña, déjame ir contigo a donde vayas. Si tú duermes, yo duermo. Ambos dormiremos, para siempre.

Alma, mi pequeña, no sufras.
Y si sufres, déjame compartir contigo tu sufrimiento. Suframos juntos. Y si las cosas no mejoran y el dolor nos gana, preparemos la cama y vayámonos a dormir. Vivamos nuestros sueños, donde podemos volar y ser quien queremos ser. Sin trabas, sin dolores, sin sufrimientos, sin nadie. Sólo tú y yo, pequeña, sólo tú y yo.

3 comentarios: