Acá también estoy:

14 febrero, 2013

Nuestro camino.

La vida es un camino. Un camino que comenzamos de pequeños, cuando venimos al mundo. Tomamos contacto con el piso, quien nos sostendrá hasta vernos morir. Experimentamos, sentimos, aprendemos a vivir en un nuevo mundo, lejano al confortable y amoroso espacio que Mamá nos dió.
Vamos creciendo y ese camino se debe empezar a caminar. Con pasos cortos, divertidos y llenos de pureza. Donde aprendemos las primeras cosas. Las primeras enseñanzas y los primeros errores. Una milésima de la vida.
A medida que vamos creciendo, el camino se va haciendo cada día más extenso y tiene más obstáculos. Se suman personas a nuestro camino. Caminamos juntos. Nos apoyamos unos con otros. No estamos solos. Se viven más experiencias, diferentes a las de cuando eramos chicos. Nuestros primeros grandes errores, quizás. O nuestros primeros pensamientos coherentes y creativos. Estamos transitando la adolescencia, la edad de la pequeña independencia, de la rebeldía, los grandes cambios. La época del cambio de envase; no somos más niños y tampoco adultos.
El camino está en la mitad. La adultez. La época de la independencia total. Ya somos una persona íntegra. Debemos caminar y empezar a hacernos la idea de dejar un camino solitario para emprender un camino común con otra persona, quien te acompañará hasta el final del camino. De sus caminos.
Encontrás a esa persona ideal. Y tu camino se junta con el de esa persona y juntos, con cariño, transitan con pasos enamorados el nuevo futuro.
Se siguen sumando personas a nuestro camino. Los hijos. Pequeños seres que nos recuerdan a cuando recién tocábamos nosotros el piso por primera vez. Ese momento donde todo era incierto. Pero ahora sos vos quien ayuda a ese pequeño ser a transitar su camino. Y de a poco arman su propio camino, dejándote solo para terminar tu trayecto.
Hay gente que sigue en nuestro camino y gente que ya se fue, pero nosotros seguimos concentrados en caminar y nunca parar. Porque ese es el objetivo de la vida: avanzar. A pesar de la caída y a pesar de las pérdidas.
El final del camino se ve, a lo lejos. Llegamos a la vejez. El momento donde podés mirar hacia atrás y recordar todos aquellos pasos que diste en esa calle. Con obstáculos, desvíos, pozos, montañas. Pero por fin llegaste al final. Y recordás con nostalgia y emoción lo que viviste, deseando con toda el alma que, quien recién comienza, transite un viaje pleno y lleno de satisfacción.
Llegaste al final. Cansado y lleno de experiencias, cerrás tu proceso para dejarle el lugar a otro.

Todos transitamos nuestro camino, como podemos y al ritmo que podemos. Pero nunca te permitas cortarlo. Da cada paso con firmeza y seguridad. Podemos tener errores, pero de eso se trata vivir. De aprender a base de lo que está mal. De corregir. Viví tu camino. O quizás algún día, 'nuestro'.

No hay comentarios:

Publicar un comentario