Y de repente, ella se vió en el espejo. Vio sus doce kilos de más, sus arrugas, sus lunares, sus estrías. Sintió que era un monstruo.
Él apareció.
-Mirá lo que soy, soy un asco. Mirá todo esto, esta grasa, estos lunares, toda esta puta mierda que soy, esta asquerosidad en la que me convertí. Soy un monstruo.
Él la abrazó.
-¿Sabías que me encantan los monstruos?
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