Nuestra relación, mi vida, la tuya, la nuestra. Todo se caía a pedazos. No había manera de sostenerlo, o al menos eso creíamos los dos. Y, como un castillo de naipes, nuestra relación se desplomó. Se desplomó y en ese momento sentí que yo también lo hacía. Y que a vos no te importaba, porque vos sí estás bien. Sentía que a vos te parecía lo correcto, que está bien que nos separemos y que nuestra historia se bifurque, para nunca volvernos a ver.
Pero sabés qué? No puedo. No puedo, no me sale. Estoy programado para vivir y ser feliz con vos. Todas las personas estamos llenas de errores, de desaciertos, de actos y comentarios fallidos, y aún así siguen en pie. Lo nuestro es un pequeño tropiezo, es algo que con el tiempo va a mejorar. Porque confío en nosotros y en lo que sentimos. O al menos en lo que yo siento.
Lamentablemente te dejé ir. Hoy ya no estás y yo tampoco estoy. Vos no estás en mi vida y yo no estoy en la mía.
Sigo en vos. Porque hubo un día en el que te dejé ir, pero mi alma también se fue, con vos.
Seguís en mí. Porque hubo un día en el que te fuiste, pero, para mí, para nuestro amor, no lo hiciste.
No hay comentarios:
Publicar un comentario