Las valijas, terminadas. Los pasajes, sobre la mesa de roble. ¿A dónde voy? No tengo la menor idea, pero necesito irme. Escaparme de todo, hasta de mi propia sombra. Porque siento que hoy mi solución es esa, escaparme de lo que me hace mal, no me siento listo para enfrentarlo. Siento que me derrumbaría, que me caería, y sé perfectamente que esa caída no tiene final. Y si lo tiene, es tan profundo y oscuro que no puedo contarlo.
Por eso decido irme. Para empezar de nuevo, solo. No hacer lo mismo que hago acá, no cometer los mismos errores, no repetir las mismas historias, no esconder los mismos secretos. Me voy para ser quien yo siempre deseé ser y no pude. ¿Por qué no pude? Porque no me lo permiten ni me lo permito yo. Principalmente yo.
Me voy para no volver nunca más. No me llamen, no volveré. No me esperen, no van a tener noticias. No pregunten por mí, voy a estar bien, sin ustedes.
Un simple "Hasta pronto, buen viaje" es todo lo que escucho. Cerré la puerta y grité. Por fin, por fin solo, libre, suelto, liviano y frágil como una brisa de primavera que estrena el día. Por fin iba a lograr empezar mi vida otra vez. Tuve una segunda oportunidad, un nuevo libro vacío se ha abierto y tenía la posibilidad de comenzar a escribirlo otra vez.
Los días pasan y aquí estoy yo, viajando por algún lugar que no sé cuál es. Muchos árboles, calles de asfalto, flores. El colectivo pasa por ahí y el aire que entra por la ventana me pega en la cara. Me sentía completamente renovado.
Llego a un lugar que no puedo describir de lo bello que es. Es lo que soñé desde muy pequeño. Mi paraíso.
Conseguí una casa frente al mar, donde desempaqué y coloqué mi ropa, algunos objetos que pude traerme, fotos, y muchos carteles.
Pasaron semanas y yo sentía que mi vida cobraba nuevamente sentido. Conseguí trabajo como maestro en una pequeña escuela, mis alumnos me aman y yo los amo a ellos y me siento radiante. Logré mi sueño, soy feliz por un rato. Aprovecharé al máximo este rato, nunca se sabe cuándo puede terminar.
Junio. Frío, solitario, oscuro. El peor Junio de mi vida.
Salí a trabajar mientras fumaba un poco y no ví que un gran camión venía sin frenos a toda velocidad. La bocina sonó demasiado tarde y me arrolló. Sentí las ruedas en mis costillas y de repente, cerré los ojos.
Me siento parte del viento, porque soy parte de él. O quizás soy el viento.
Me levanté y dejé mi cuerpo dolido tirado en esa calle. Y mientras volaba, logré repetirme a mí mismo:
Buen viaje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario