-Sí, papá, salgamos.
-Bueno. Abrigate que hace frío.
Salimos a caminar por las calles repletas de hojas y de brisas frías. Salimos y nos dimos la mano. Dimos dos pasos y ella me abrazó. Me abrazó fuerte y no me agarró más de la mano para seguir caminando, sino que me agarró del brazo.
-Ay, qué lindo abrazo, amor.
-Me encanta abrazarte, pá.
...Esta basurita en el ojo que no sale...
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