Y por fin llega un momento en el que mirás hacia atrás y ves como una etapa que creías inagotable se cierra. Una etapa que contuvo muchas cosas que la hacen inolvidable, irrepetible, increíble... perfecta.
La etapa donde por primera vez le contestaste a tu mamá después que ella te gritó.
La etapa donde por primera vez fuiste al colegio sin que tus papás te fueran a buscar.
La etapa donde conociste lo duro que es el amor, lo injusto que es el mundo y lo poco que alcanza para empezar a odiarte.
Se cierra esa etapa donde todos dicen que estás en peligro constante, donde podés experimentar cosas de las cuales te arrepentirías el resto de tu vida; esa etapa donde vale más qué zapatillas tenés puestas o dónde te compraste la remera que tenés puesta y no tanto qué juguete te compraron tus papás o a qué hora te fuiste a dormir.
Se cierra una etapa que, lamentablemente, jamás vas a volver a vivir. Una etapa que te regaló muchas cosas; la construcción de la que va a ser tu personalidad de acá hasta que el cuento termine, amigos, tus mejores y peores decisiones, tus grandes errores, tus logros, tus miedos y tus mejores anécdotas.
Terminó la etapa de joda constante y de experiencias nuevas. La secundaria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario