La vida me golpeó. Me hizo abrir los ojos cuando todavía no estaba listo. ¿Qué pasó? Mamá, dijiste que me protegerías.
La vida me golpeó para nunca más ser el que fuí. Un choque de alto impacto que sacudió hasta lo más profundo de mis entrañas para enseñarme. Para enseñarme a mí y enseñarles a los demás.
Me enseñó que debo pararme y ser más fuerte. Más fuerte que las palabras que dañan, más fuerte que los golpes de las personas.
Me enseñó que esconderse y odiarse no es la solución.
Y me hace enseñarles a los que no creen en mí que sí pueden hacerlo y que sólo necesitaba eso; que la vida aparezca para golpearme, para adecuarme, para despertarme. Aunque igualmente, quien no confía en vos en los peores momentos no tiene derecho a hacerlo en los mejores.
La vida me golpeó y me hizo un ser mejor. Quizás no me golpeó; quizás el dolor del impacto repentino me hizo sentir que fue un golpe y fue solo un aviso. Una alarma, como la que suena cada mañana.
La vida me golpeó.
La vida me salvó. Me salvó de mí mismo. De ir por un camino del cual jamás podría volver.
La vida y yo chocamos para ser uno. Mi vida y yo.
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