epojé. suspensión, parentetización de las doxas y de la realidad misma. ¡eureka! bienvenidx a mi mundo. ojalá no te pierdas tanto como yo.
16 febrero, 2013
Volver.
Qué feo suena el verbo "Volver" en esta época del año. Significa que la rutina toca la puerta y esta vez tengo que abrirle. Y con ella vienen, en combo, las obligaciones. Las obligaciones a las cuales intento huir desde hace un tiempo.
¿Por qué tienen que venir? Todos queremos vacaciones, ustedes y yo. Hagamos un acuerdo secreto y sigamos de vacaciones todos, ¿dale? Bueno, mejor me callo.
Decía: El levantarse temprano, sufrir el calor, después el frío, verle la cara a gente indeseable, todas obligaciones pesadas y detestables. ¡Pero también vienen cosas lindas! pensemos cuáles; nuevas anécdotas, nuevos momentos, conocemos nueva gente (nunca olvidemos que el público se renueva), y obviamente ver gente que no ves hace mucho tiempo y extrañás con locura. Nada más lindo después de unas lindas vacaciones que estar con alguien que querés y extrañabas y ponerse al tanto de sus nuevas noticias.
El año empieza. ¿Qué nos traerá? ¿Acaso nuevas amistades? ¿Nuevas desilusiones? ¿Un amor? ¿Quién sabe? Sólo tenemos que esperar que el destino nos sorprenda. Tenemos que esperar que la vida nos de la oportunidad de vivirla.
¿Vos cómo la querés vivir?
15 febrero, 2013
HoY
Tenemos casas más grandes, pero familias más chicas.
Tenemos más compromisos, pero menos tiempo.
Tenemos más medicinas, pero menos salud.
Hemos multiplicado nuestras fortunas, pero hemos reducido nuestros valores.
Hablamos mucho, amamos poco y odiamos demasiado.
Hemos llegado a la Luna y regresamos, pero tenemos problemas para cruzar la calle y conocer a nuestro vecino.
Hemos conquistado el espacio exterior pero no el interior.
Tenemos mayores ingresos, pero menos moral.
Estos son tiempos con más libertad, pero menos alegría.
Tiempos con más comida, pero menos nutrición.
Son días en los que llegan dos sueldos a casa, pero aumentan los divorcios.
Son tiempos de casas más lindas, pero más hogares rotos.
¿Qué nos pasó?
Tenemos más compromisos, pero menos tiempo.
Tenemos más medicinas, pero menos salud.
Hemos multiplicado nuestras fortunas, pero hemos reducido nuestros valores.
Hablamos mucho, amamos poco y odiamos demasiado.
Hemos llegado a la Luna y regresamos, pero tenemos problemas para cruzar la calle y conocer a nuestro vecino.
Hemos conquistado el espacio exterior pero no el interior.
Tenemos mayores ingresos, pero menos moral.
Estos son tiempos con más libertad, pero menos alegría.
Tiempos con más comida, pero menos nutrición.
Son días en los que llegan dos sueldos a casa, pero aumentan los divorcios.
Son tiempos de casas más lindas, pero más hogares rotos.
¿Qué nos pasó?
14 febrero, 2013
ganemos la pelea.
Escribirte se me hace difícil, mi gran luchador. ¿Cómo comenzar a escribir? ¿Qué decir? ¿Cómo decirlo? La hoja en blanco aterra, pero intentaré ser simple.
Tu frágil cuerpo lucha día a día por sonreír una vez más, por ver una vez más la luz del Sol. Tu cuerpo de cristal cada día se desvanece un poco más. Y eso no nos anima ni un poco, sabés? Porque te amamos y queremos verte bien. Porque sos el Sol que ilumina mis días y la más grande y poderosa estrella de todas mis noches. Con solo verte a los ojos, mi mundo cambia.
Apenas has comenzado a vivir y ya tenés obstáculos en el camino. Este obstáculo se llama Oligodendroglioma, un tumor cancerígeno. Y esta piedra en tu bello camino no te permite ser un humano feliz. Ni a vos ni a ninguno de los miembros de tu familia.
Sé cuánto sufrís. Sé que tenés miedo, sé que querés que todo termine rápido. Pero, mi gran luchador, nunca te olvides que nunca estás ni estarás solo en esta vida mientras yo esté vivo. Quedate más que tranquilo, todos estamos con vos. Estamos de manera incondicional, yo y muchísimas otras personas (si supieras cuántas, mi pequeño angelito...) y ninguno de nosotros nos vamos a mover hasta que te cures. Porque sé que existen los milagros y te garantizo que vos serás uno de ellos.
Quiero que sepas que tu lucha no cae en saco roto; tu lucha trae emoción, llanto, incertidumbre, ansiedad. Ganas de que las cosas sean diferentes. Poder llevarte a un cumpleaños, a una plaza, a un pelotero. Y no tener que encerrarme en una habitación de un hospital para entretenerte. Esto no es vida, campeón. Esto no es para vos.
Sabemos que te pueden operar, y es nuestra última esperanza. Ya me imagino al médico diciéndonos "La operación salió bien, pronto van a tener a su luchador en su casa, todo esto es un mal recuerdo". Aunque confío plenamente en la mano de tus médicos, también sé que todavía es demasiado temprano para cantar victoria.
Te veo dormido, sereno y tranquilo. Sos nuestro mejor ejemplo, porque es así como se debe estar. Tranquilo, esperando las buenas noticias.
No sé como cerrar estas pequeñas y profundas palabras, quizás hoy no es el momento de hacerlo. Pero quiero que sepas esto, mi pequeño, mi ángel, mi luchador incansable: No te caigas, aunque tus defensas quieran hacerlo. No te rindas, dale pelea a tu enfermedad. No le demuestres que te pueden ganar, sé guerrero, fuerte y luchador.
No te rindas, pequeño. No te rindas y viví. Porque todavía te faltan mil cosas por vivir, por sentir, por experimentar.
No te rindas, ganá la pelea, sé que podés. O mejor dicho, GANEMOS LA PELEA, juntos.
15 de Febrero - Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer Infantil.
Sé cuánto sufrís. Sé que tenés miedo, sé que querés que todo termine rápido. Pero, mi gran luchador, nunca te olvides que nunca estás ni estarás solo en esta vida mientras yo esté vivo. Quedate más que tranquilo, todos estamos con vos. Estamos de manera incondicional, yo y muchísimas otras personas (si supieras cuántas, mi pequeño angelito...) y ninguno de nosotros nos vamos a mover hasta que te cures. Porque sé que existen los milagros y te garantizo que vos serás uno de ellos.
Quiero que sepas que tu lucha no cae en saco roto; tu lucha trae emoción, llanto, incertidumbre, ansiedad. Ganas de que las cosas sean diferentes. Poder llevarte a un cumpleaños, a una plaza, a un pelotero. Y no tener que encerrarme en una habitación de un hospital para entretenerte. Esto no es vida, campeón. Esto no es para vos.
Sabemos que te pueden operar, y es nuestra última esperanza. Ya me imagino al médico diciéndonos "La operación salió bien, pronto van a tener a su luchador en su casa, todo esto es un mal recuerdo". Aunque confío plenamente en la mano de tus médicos, también sé que todavía es demasiado temprano para cantar victoria.
Te veo dormido, sereno y tranquilo. Sos nuestro mejor ejemplo, porque es así como se debe estar. Tranquilo, esperando las buenas noticias.
No sé como cerrar estas pequeñas y profundas palabras, quizás hoy no es el momento de hacerlo. Pero quiero que sepas esto, mi pequeño, mi ángel, mi luchador incansable: No te caigas, aunque tus defensas quieran hacerlo. No te rindas, dale pelea a tu enfermedad. No le demuestres que te pueden ganar, sé guerrero, fuerte y luchador.
No te rindas, pequeño. No te rindas y viví. Porque todavía te faltan mil cosas por vivir, por sentir, por experimentar.
No te rindas, ganá la pelea, sé que podés. O mejor dicho, GANEMOS LA PELEA, juntos.
15 de Febrero - Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer Infantil.
Nuestro camino.
La vida es un camino. Un camino que comenzamos de pequeños, cuando venimos al mundo. Tomamos contacto con el piso, quien nos sostendrá hasta vernos morir. Experimentamos, sentimos, aprendemos a vivir en un nuevo mundo, lejano al confortable y amoroso espacio que Mamá nos dió.
Vamos creciendo y ese camino se debe empezar a caminar. Con pasos cortos, divertidos y llenos de pureza. Donde aprendemos las primeras cosas. Las primeras enseñanzas y los primeros errores. Una milésima de la vida.
A medida que vamos creciendo, el camino se va haciendo cada día más extenso y tiene más obstáculos. Se suman personas a nuestro camino. Caminamos juntos. Nos apoyamos unos con otros. No estamos solos. Se viven más experiencias, diferentes a las de cuando eramos chicos. Nuestros primeros grandes errores, quizás. O nuestros primeros pensamientos coherentes y creativos. Estamos transitando la adolescencia, la edad de la pequeña independencia, de la rebeldía, los grandes cambios. La época del cambio de envase; no somos más niños y tampoco adultos.
El camino está en la mitad. La adultez. La época de la independencia total. Ya somos una persona íntegra. Debemos caminar y empezar a hacernos la idea de dejar un camino solitario para emprender un camino común con otra persona, quien te acompañará hasta el final del camino. De sus caminos.
Encontrás a esa persona ideal. Y tu camino se junta con el de esa persona y juntos, con cariño, transitan con pasos enamorados el nuevo futuro.
Se siguen sumando personas a nuestro camino. Los hijos. Pequeños seres que nos recuerdan a cuando recién tocábamos nosotros el piso por primera vez. Ese momento donde todo era incierto. Pero ahora sos vos quien ayuda a ese pequeño ser a transitar su camino. Y de a poco arman su propio camino, dejándote solo para terminar tu trayecto.
Hay gente que sigue en nuestro camino y gente que ya se fue, pero nosotros seguimos concentrados en caminar y nunca parar. Porque ese es el objetivo de la vida: avanzar. A pesar de la caída y a pesar de las pérdidas.
El final del camino se ve, a lo lejos. Llegamos a la vejez. El momento donde podés mirar hacia atrás y recordar todos aquellos pasos que diste en esa calle. Con obstáculos, desvíos, pozos, montañas. Pero por fin llegaste al final. Y recordás con nostalgia y emoción lo que viviste, deseando con toda el alma que, quien recién comienza, transite un viaje pleno y lleno de satisfacción.
Llegaste al final. Cansado y lleno de experiencias, cerrás tu proceso para dejarle el lugar a otro.
Todos transitamos nuestro camino, como podemos y al ritmo que podemos. Pero nunca te permitas cortarlo. Da cada paso con firmeza y seguridad. Podemos tener errores, pero de eso se trata vivir. De aprender a base de lo que está mal. De corregir. Viví tu camino. O quizás algún día, 'nuestro'.
Vamos creciendo y ese camino se debe empezar a caminar. Con pasos cortos, divertidos y llenos de pureza. Donde aprendemos las primeras cosas. Las primeras enseñanzas y los primeros errores. Una milésima de la vida.
A medida que vamos creciendo, el camino se va haciendo cada día más extenso y tiene más obstáculos. Se suman personas a nuestro camino. Caminamos juntos. Nos apoyamos unos con otros. No estamos solos. Se viven más experiencias, diferentes a las de cuando eramos chicos. Nuestros primeros grandes errores, quizás. O nuestros primeros pensamientos coherentes y creativos. Estamos transitando la adolescencia, la edad de la pequeña independencia, de la rebeldía, los grandes cambios. La época del cambio de envase; no somos más niños y tampoco adultos.
El camino está en la mitad. La adultez. La época de la independencia total. Ya somos una persona íntegra. Debemos caminar y empezar a hacernos la idea de dejar un camino solitario para emprender un camino común con otra persona, quien te acompañará hasta el final del camino. De sus caminos.
Encontrás a esa persona ideal. Y tu camino se junta con el de esa persona y juntos, con cariño, transitan con pasos enamorados el nuevo futuro.
Se siguen sumando personas a nuestro camino. Los hijos. Pequeños seres que nos recuerdan a cuando recién tocábamos nosotros el piso por primera vez. Ese momento donde todo era incierto. Pero ahora sos vos quien ayuda a ese pequeño ser a transitar su camino. Y de a poco arman su propio camino, dejándote solo para terminar tu trayecto.
Hay gente que sigue en nuestro camino y gente que ya se fue, pero nosotros seguimos concentrados en caminar y nunca parar. Porque ese es el objetivo de la vida: avanzar. A pesar de la caída y a pesar de las pérdidas.
El final del camino se ve, a lo lejos. Llegamos a la vejez. El momento donde podés mirar hacia atrás y recordar todos aquellos pasos que diste en esa calle. Con obstáculos, desvíos, pozos, montañas. Pero por fin llegaste al final. Y recordás con nostalgia y emoción lo que viviste, deseando con toda el alma que, quien recién comienza, transite un viaje pleno y lleno de satisfacción.
Llegaste al final. Cansado y lleno de experiencias, cerrás tu proceso para dejarle el lugar a otro.
Todos transitamos nuestro camino, como podemos y al ritmo que podemos. Pero nunca te permitas cortarlo. Da cada paso con firmeza y seguridad. Podemos tener errores, pero de eso se trata vivir. De aprender a base de lo que está mal. De corregir. Viví tu camino. O quizás algún día, 'nuestro'.
13 febrero, 2013
princesa.
Tenía frío. Pero eso no era excusa para terminar con mi plan. ¿Cuál plan? Ser perfecta. Una princesa.
Hacía 3 días que no comía nada. La comida es mi enemiga. La odio, y ella me odia. La actividad física se convirtió en mi única compañía y en mi mejor amiga. Pasaba todo el día ejercitándome de alguna manera; subiendo y bajando las escaleras, corriendo, saltando, haciendo abdominales en plena madrugada. Ocupaba mi tiempo en ejercitarme para estar linda, o al menos intentar.
Pero nada resulta. Sigo siendo gorda, asquerosa, inútil, estúpida. Me lo escribo cada día para recordarlo. En las muñecas, en el espejo, en papeles. Porque lo soy. Soy obesa. Estúpida. Inútil. No sirvo ni para ser una princesa.
El frío y los mareos se apoderan cada día un poco más de mí, me duele el estómago. Pero no le fallaré a Ana. Me ha prometido ser una princesa, y sé que lo seré, porque Ana también sufre y tampoco come. Y ella logró su sueño y ahora me ayuda a mí a cumplirlo.
Ana, mi fiel compañera, guíame, acompáñame. Dime qué debo hacer para dejar de ser una gorda inútil y ser como quiero ser. Reza por mí, Ana, así lograré salir de este infierno donde estoy viviendo.
Nada es tan rico como verse flaca. Prefiero tener llena el alma y ser una princesa, antes que tener lleno el estómago y ser una gorda. La comida es mi enemiga, lo que como me destruye.
tu infinito.
Nadie alcanza el infinito. Porque nunca termina, siempre falta un poco más. Casi, ya llegás, pero no. Te falta. Siempre se puede sumar uno más, y otro, y otro. Pero nunca se alcanza al infinito.
El infinito no es algo tan alejado de nuestras vidas. ¿Cuántas veces hemos intentado alcanzar algo y no lo logramos? Deseos, sueños, objetivos. Sentir que estás en puntas de pie, casi rasguñando con la yema de los dedos ese infinito que no parecía tan así. Pero luego se aleja, se cae, se desvanece.
El infinito es algo que nunca podemos ver. Algo que deseamos con todo el alma y no lo alcanzamos. Porque justamente, el infinito es algo sin fin. Algo que nunca podés alcanzar.
¿Cuál es tu infinito?
12 febrero, 2013
Reencuentro.
Terminó de trabajar. Cansado y con ganas de tomarse un buen café, Alexander llegó a su casa, solitaria y ordenada como su personalidad.
Cuando llegó, tomó su taza, su preferida, preparó un rico café cortado y se sentó en su sillón color verde inglés. Mientras probaba los primeros sorbos, alguien tocó la puerta. Ya era algo tarde para recibir visitas, ya todos tendrían que estar cenando en familia o tal vez con algún amigo; pero como Alexander vivía solo, él mismo controlaba sus tiempos y decidió no cenar hoy, sino tomar un rico café. Sonó el timbre, reiterativamente. Fue a atender y era quien no debía ser. No era un amigo, no era un familiar, no era una persona extraña; era la razón de sus sonrisas, de su buen humor, de su constante alegría al pensar en el tiempo libre; era quien lo hace feliz desde que sus corazones se cruzaron, desde que la mirada de uno se encontró con la mirada del otro. Era con quien él soñaba en todo momento. Resultó ser Violette.
-¿Cómo sabías mi dirección? -La tenía hace mucho, creo que me la diste una vez. -Mhm... ¿Querés pasar?
Ambos sentían un miedo y una incertidumbre abismal. Ambos, cuando se miraban, veían todo ese amor que reprimían y que necesitaban sacar urgentemente. Pero nadie daba un paso atrás y confesaba la verdad. Ambos, como piedras, se mantenían en su postura.
Ya estaban adentro, y Alexander hizo otro café en su taza más nueva y preciada, y le hizo una chocolatada a Violette, ya que la vió temblar cuando entraron. Le puso mucho chocolate, un poco de azúcar, y el más grande amor que cualquier persona pudiera poner. Ya más tranquilos, comenzaron a dispararse preguntas: -¿Qué hizo que vengas a verme tan tarde? -Yo sabía que trabajabas hasta tarde y no quise molestar, ya sabés como soy... -Vos nunca me molestás, lo sabés. Risas entre dientes, y unas ganas tremendas de besarse era lo que se transmitía en el aire en ese pequeño lugar.
Ya era tarde, y ninguno de los dos sabía manejar. Alexander no permitiría que Violette se vaya sola a su casa, a varias cuadras de donde estaba. Había una cama demás y por eso se decidió:
-Mirá, Vio, no quiero que lo tomes a mal.. Es muy tarde... ¿No querés.... -Ya sé, soy una molestia. Sabía que no debía quedarme. Perdon, es que... -No! Quedate. Pero esperá... Es que qué? -Nada, en serio, abrime por favor que no pasan más taxis sino. -No, decime, por favor. Necesito saber. -Es que no puedo, no me sale. -Vio... Por favor. -Bueno. Es que... vos me hacés feliz cada vez que te veo, hacés que mi estómago me maldiga por tantas mariposas que tengo dentro de él, hacés que no pueda dormir por las noches.. Sos la persona que más amé y que más amo hasta el día de hoy. Y no quiero alejarme de vos ni de tus brazos, nunca más. ¿Comprendés?
Ambos se miraron, durante instantes. Pero para ellos fue una eternidad. Se miraron sin ninguna privacidad, como ellos querían mirarse. Se miraron como los enamorados que eran.
-Te amo, Alexander, sos mi vida.
-Yo a vos, amor. Gracias por venir. Alegraste mi día... Y mi vida.
Cuando llegó, tomó su taza, su preferida, preparó un rico café cortado y se sentó en su sillón color verde inglés. Mientras probaba los primeros sorbos, alguien tocó la puerta. Ya era algo tarde para recibir visitas, ya todos tendrían que estar cenando en familia o tal vez con algún amigo; pero como Alexander vivía solo, él mismo controlaba sus tiempos y decidió no cenar hoy, sino tomar un rico café. Sonó el timbre, reiterativamente. Fue a atender y era quien no debía ser. No era un amigo, no era un familiar, no era una persona extraña; era la razón de sus sonrisas, de su buen humor, de su constante alegría al pensar en el tiempo libre; era quien lo hace feliz desde que sus corazones se cruzaron, desde que la mirada de uno se encontró con la mirada del otro. Era con quien él soñaba en todo momento. Resultó ser Violette.
-¿Cómo sabías mi dirección? -La tenía hace mucho, creo que me la diste una vez. -Mhm... ¿Querés pasar?
Ambos sentían un miedo y una incertidumbre abismal. Ambos, cuando se miraban, veían todo ese amor que reprimían y que necesitaban sacar urgentemente. Pero nadie daba un paso atrás y confesaba la verdad. Ambos, como piedras, se mantenían en su postura.
Ya estaban adentro, y Alexander hizo otro café en su taza más nueva y preciada, y le hizo una chocolatada a Violette, ya que la vió temblar cuando entraron. Le puso mucho chocolate, un poco de azúcar, y el más grande amor que cualquier persona pudiera poner. Ya más tranquilos, comenzaron a dispararse preguntas: -¿Qué hizo que vengas a verme tan tarde? -Yo sabía que trabajabas hasta tarde y no quise molestar, ya sabés como soy... -Vos nunca me molestás, lo sabés. Risas entre dientes, y unas ganas tremendas de besarse era lo que se transmitía en el aire en ese pequeño lugar.
Ya era tarde, y ninguno de los dos sabía manejar. Alexander no permitiría que Violette se vaya sola a su casa, a varias cuadras de donde estaba. Había una cama demás y por eso se decidió:
-Mirá, Vio, no quiero que lo tomes a mal.. Es muy tarde... ¿No querés.... -Ya sé, soy una molestia. Sabía que no debía quedarme. Perdon, es que... -No! Quedate. Pero esperá... Es que qué? -Nada, en serio, abrime por favor que no pasan más taxis sino. -No, decime, por favor. Necesito saber. -Es que no puedo, no me sale. -Vio... Por favor. -Bueno. Es que... vos me hacés feliz cada vez que te veo, hacés que mi estómago me maldiga por tantas mariposas que tengo dentro de él, hacés que no pueda dormir por las noches.. Sos la persona que más amé y que más amo hasta el día de hoy. Y no quiero alejarme de vos ni de tus brazos, nunca más. ¿Comprendés?
Ambos se miraron, durante instantes. Pero para ellos fue una eternidad. Se miraron sin ninguna privacidad, como ellos querían mirarse. Se miraron como los enamorados que eran.
-Te amo, Alexander, sos mi vida.
-Yo a vos, amor. Gracias por venir. Alegraste mi día... Y mi vida.
Salí del pozo.
"Yo no busco el dolor, qué decís?". Bueno, está bien, escondete atrás de la negación, del no saber, del no entender. Pero todos buscamos el dolor.
¿Y cuando lo encontramos? ¿Cómo reaccionamos? Algunos se escapan, huyen del dolor bajo la excusa estúpida de "Esto no es para mí". ¿No será que no sos una persona suficientemente madura para afrontar las consecuencias?. Otros deciden ingresar el dolor a su vida, e interiorizarlo, dejar que él domine sus cuerpos, sus almas, sus mentes. Sus vidas. Hasta que no pueden interiorizarlo más y lo demuestran externamente. Y ahí es donde se producen dos grandes grupos: los que lo demuestran intencionalmente y los que lo muestran sin querer.
Los que lo muestran sin querer son aquellos que desean con todo su corazón no mostrar que conviven con un dolor tan grande como ellos, y por eso, lo esconden. Lo comen. Lo fuman. Lo beben. En fin, lo llevan adentro. Y lo que todos ven en comida, en un cigarrillo, o en un vaso de whisky, para ellos es el dolor, la angustia, el miedo. Lo que no pueden decir, lo que no les sale contar, lo que deben callar. Usan herramientas para camuflar el dolor. Para que nadie vea que realmente se están metiendo al cuerpo un dolor tan grande y amargo. Hasta que un día, eso no se puede ocultar más porque la gente nota el sobrepeso, o los dientes amarillos, la voz grave, los problemas para respirar, o los problemas excesivos con el alcohol. Llega un punto que no pueden usar más esas herramientas y a su vez tienen más dolor. Porque ahora se les suma el dolor de tener problemas externos aparte de los internos. Ser gordo, ser adicto al alcohol, fumar demasiado. Tocan la puerta de la muerte y, en muchos casos, entran a su casa, y no salen nunca, nunca más.
El segundo grupo, los que lo muestran intencionalmente. ¿Cómo? A través de la flagelación, el maltrato hacia su propio cuerpo. Atacarse a uno mismo. Ser su propio enemigo. Agarrar un cuchillo y pasarlo por los brazos, las piernas, las caderas, las manos. Lo que cada uno pueda. No comer, sentir que la comida es tu peor enemiga, la que aumenta tu dolor, y por eso la eliminás, para eliminar el dolor. Los que comen y sienten que se llenan de dolor y deciden vomitarlo, y junto con los restos de comida tiran el pánico y la angustia que llevan con ellos. Todos ellos exteriorizan sus sentimientos. Se llenaron de dolor y ahora lo eliminan de la peor manera; lastimándose a ellos mismos. ¿Por qué? Porque sienten que es lo correcto, porque sienten que deben castigarse por sufrir ese dolor, por llevarlo con ellos tanto tiempo y no curarlo. Se sienten culpables cuando son las más grandes víctimas. ¿Víctimas de quién? Del dolor. Del sufrimiento.
Para enfrentarse al dolor hay que ser fuerte. Tenés que llenarte de coraje y de armas para combatir. No es lindo vivir con dolor, pero muchos sienten que el dolor es su única compañía. Prefieren pagar un precio alto por no sentirse solos. Algunos se aferran a la comida, otros a las drogas, otros al tabaco, otros al alcohol, otros al sexo, otros a autoagredirse. Pero todos hacen lo mismo: Llevan dolor en sus almas. Algunos lo llevan con ellos hasta el día que se mueren. Y otros lo exteriorizan con el objetivo de eliminarlo y ser, al fin, felices.
El dolor lastima. Nos hace sufrir. Hace que nos enterremos en un pozo, el cual sentimos que no tiene salida. Pero sí la tiene. Y no tenés que bajar los brazos. Buscá tu salida del pozo. Salí, sé feliz.
¿Se puede?
Se puede escapar de algo que nunca se tuvo?
Se puede dejar de ser algo que nunca fuiste?
Se puede amar algo que nunca tocaste?
Se puede extrañar algo que nunca viste?
Se puede. Claro que se puede. Nos destruye de a poco, de manera sostenida, pero se puede. No nos conviene, nos lastima, nos complica la vida, pero lo hacemos. Tenemos esa necesidad de sufrir y buscar el dolor de cualquier manera. Directa o indirectamente.
Se puede dejar de ser algo que nunca fuiste?
Se puede amar algo que nunca tocaste?
Se puede extrañar algo que nunca viste?
Se puede. Claro que se puede. Nos destruye de a poco, de manera sostenida, pero se puede. No nos conviene, nos lastima, nos complica la vida, pero lo hacemos. Tenemos esa necesidad de sufrir y buscar el dolor de cualquier manera. Directa o indirectamente.
Alma, mi pequeña, no sufras.
Despierta mi cuerpo pero mi alma sigue durmiendo. ¿Por qué tienes que dormir si te necesito despierta? ¿No tienes ganas de vivir? ¿No tienes sueños? No sabes lo lindo que es soñar. Sentir que tu vida tiene un propósito.
Pero también te entiendo, pequeña. Entiendo que cuando quieres volar te bajan del aire, como también bajan tus sueños, tus ilusiones, tus deseos. Entiendo que no quieras despertar cuando el despertar significa sufrir, resignar. Entiendo que no desees ni sueñes cuando te faltan ganas.
Vamos, alma, mi pequeña, no sufras y levántate de una vez. Juntos soñemos lo que no pudimos. Lo que nos va a venir. Lo que viviremos.
Alma, mi pequeña, no sufras. Tienes muchos objetivos por cumplir. Despiértate y vívelos. Sé feliz, radiante y especial, sé como eres desde que te conozco.
Vivimos en un mismo cuerpo, por eso entiendo tu dolor y tus ganas de dormir. Dormir y nunca despertar. Pero al menos déjame dormir contigo. El dolor no nos ayuda, nos acompaña pero no nos ayuda. Alma, mi pequeña, déjame ir contigo a donde vayas. Si tú duermes, yo duermo. Ambos dormiremos, para siempre.
Alma, mi pequeña, no sufras.
Y si sufres, déjame compartir contigo tu sufrimiento. Suframos juntos. Y si las cosas no mejoran y el dolor nos gana, preparemos la cama y vayámonos a dormir. Vivamos nuestros sueños, donde podemos volar y ser quien queremos ser. Sin trabas, sin dolores, sin sufrimientos, sin nadie. Sólo tú y yo, pequeña, sólo tú y yo.
Caer.
A veces, siento como si la vida me arrastrara, me sostuviera para luego dejarme caer. A veces siento que no puedo apoyarme ni en mi propia sombra, pensando que algún día caerá. A veces siento que soy un incomprendido, un sapo de otro pozo. A veces siento que el único que entiende mis cosas es, simplemente, yo. Mi alma. Yo y sólo yo, y nadie más. Aunque sé también que sólo yo soy la única persona que jamás me decepcionará, me fallará o me abandonará. Yo nunca dejaré que yo caiga. Porque yo debo ser fuerte, y si yo no me sostengo, pues entonces, ¿quién lo hará? A veces siento que la vida nos da golpes, puños y puños, pero que vienen con lecciones. Con aprendizajes, cosas que debemos integrar a nosotros. Pero el golpe, el impacto, el enfrentamiento con la realidad, duele. Como el más fuerte e increíble puño de quien no esperamos. Duele, y mucho. Pero igualmente dicen que los más fuertes crecen a los golpes. ¿Seré una persona fuerte? ¿O simplemente no quiero aceptar que, después de todo, estos golpes son partes de mi crecimiento, de mi madurez? Ojalá sea un simple pensamiento. Un pensamiento pasajero. Ojalá este pensamiento se vaya junto con la noche bien lejos de mí. Bien, bien lejos. A veces siento que yo mismo soy mi peor enemigo. Quien más me conoce, quien más me entiende, quien más me soporta. Yo mismo. Mi alma es mi salvación y a la vez mi arma más poderosa. Puedo autodestruirme en segundos si me lo propongo. Puedo exprimir mis emociones al punto tal de autodestrozarme. Soy mi mejor amigo y mi peor enemigo. A veces siento que el mundo gira y que yo estoy fuera de él. Como si estuviera en un mundo aparte, donde sólo yo soy el habitante. Nadie puede entrar. No, absolutamente nadie. Yo y nadie más. Y no tomen esto como una postura egoísta; lo hago así porque es mi refugio, mi lugar en… ¿el mundo? No, porque mi mundo es un mundo aparte. Es mi lugar. El lugar donde puedo ser yo mismo, sentirme a salvo de las garras del afuera, las grandes y terribles fuerzas del afuera. A veces, siento que la vida me arrastra, me sostiene, y luego me deja caer. ¿Es la vida o yo mismo quien se deja caer? Nunca lo sabré.
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