Acá también estoy:

30 diciembre, 2013

"Craintes" (y otros dramas del amor a distancia)

Me da miedo tu sonrisa. Tu boca. Tu forma de fruncir los labios. Me da miedo tu forma tan positiva de pensar. Me da miedo que seas tan fuerte. Me dan miedo tus ojos, la dulzura y la paz que esconden. Me da miedo que no me elijas a mí porque tienes otras opciones (y mejores). Me da miedo aburrirte y que me rompas (aún más). Me da miedo que me veas y me agarres por la cintura y me llenes de abrazos. Me da miedo que veas mi cuerpo por primera vez. Me da miedo la sonrisa idiota que me sale por cualquier tontería que me dices. Me da miedo asustarte. Me da miedo reírme muy fuerte, con esa risa asquerosa que tengo. Me da miedo caer. Me da miedo ser insuficiente. Me da miedo ponerme rojo cuando me hables a la cara. Me da miedo tener vergüenza. Me da miedo que conozcas mi lado oscuro y te vayas corriendo. Me da miedo tu forma de dirigirte hacia mí. Me da miedo el hecho de pensar que algún día te tendré cerca. Me das miedo. Me da miedo estar tan enamorado. Y todo esto no me daría miedo si no fuera yo, porque sé que cago todo y, si hay algo que temo más que a todo esto, es a perderte.

29 diciembre, 2013

Débil

Conocés mis secretos.
Te mostré mis armas.
Te confié mis miedos.
Despejaste mis dudas.
Alejaste mis infiernos.
Reviviste mi pasión.
Me enseñaste a jugar.
Me enseñaste a perder.
Hiciste que me resignara.
Lograste que mis cambios tuvieran un por qué.


Ahora por eso, frente a vos, soy débil. Muy débil.

26 diciembre, 2013

Princesas.

Esmeralda se subió al escenario y se puso a cantar una melodía preciosa. Sus ojos brillaban y su voz transmitía una calma y una pasión indescriptibles con palabras. En el escenario era feliz, cuando sus labios se encontraban cara a cara con el micrófono su alma bailaba al compás de su música.
Cuando la canción terminó, todos la felicitaron. No hubo persona que no quisiera saludarla y felicitarla por su brillante trabajo. Ella dio las gracias, a uno por uno. Se quedó tomando unos tragos y volvió para su casa.
Llegó, cerró la puerta con llave y se sacó los tacos. Medía 1.71, era rubia, tenía el pelo ondulado y muy seco. Tenía pecas en la cara, uñas largas y cuidadas, lunares en las manos... y cortes en sus muñecas. Sufría. Se veía gorda. Muy gorda. Y no llegaba a pesar cincuenta kilos.
Se sentó en la mesa, aún con los platos del mediodía sin lavar y el cenicero lleno de colillas, y se puso a llorar. No tenía una razón exacta. Quizás porque sintió que hoy cantó mal. Quizás porque extraña a su mamá. Quizás porque hoy no estaba de buen humor. Quizás porque no se quería...
Fue a su dormitorio y abrazó a su peluche preferido, ese que ella miraba a los ojos pidiendo auxilio cada vez que su padre llegaba de trabajar enojado y le pegaba con el cinturón en su habitación hasta dejarla casi sin fuerzas para moverse. Abrazó a ese peluche, como lo hace cada vez que está mal, y sacó su cuaderno blanco de abajo de la cama. Se desvistió, solamente tenía puesta una bombacha, y releyó todo su cuaderno una y otra vez. "61, GORDA", "60, ASQUEROSA", "57, ALCANZANDO MI OBJETIVO", "58, ME ODIO", "54, PRINCESA", "52, CASI LO LOGRO" "50, DULCE DOLOR DE ESTÓMAGO" y así seguía. La lista era inmensa y estaba llena de dibujos, de manchas de sangre, de caras tristes. Era su secreto, su mayor secreto.
"No pararé hasta los 40 kilos, ahí seré la princesa que Papi deseó, la princesa que todos quieren que sea."

Fue a la balanza, pero antes se miró al espejo. Con el delineador corrido y la base agrietada, se miró las pecas, las uñas, los cortes y por primera vez se gustó. No se vio fea (sí gorda), empezó a verse con más detalle y hasta descubrió cosas que nunca había visto, como que tenía unas clavículas preciosas, que su pelo estaba mucho más largo de lo que creía, que sus manchas de nacimiento en los pies habían desaparecido... y por primera vez, se quiso.
Y se subió a la balanza. "45, UN POQUITO MÁS FELIZ" anotó en su libreta un rato después.

Desde ese día, empezó a mirarse en el espejo más seguido. Empezó a notar más detalles de su cuerpo. Empezó a conocerse más y a olvidarse de lo que no le gustaba. Pero no dejaba de verse gorda, seguía haciendo dietas estrictas y escribiendo canciones sobre lo mucho que deseaba sentirse una princesa.

"Una de esas princesas que tienen su vida resuelta, una vida planeada, una vida sencilla. Una de esas princesas que sólo deben preocuparse por cómo tienen el cabello, si su príncipe las miran y notan que tienen algo distinto en su pelo... una de esas princesas que veo desde que era una niña y mi padre me golpeaba y con las que tanto sueño desde entonces..."

Los días pasaron y el número de la balanza seguía bajando. Pero cada vez se veía un poco mejor. Sus últimas hojas de cuaderno decían "45, UN POQUITO MÁS FELIZ", "44, YA CASI", "42, PAPI, PERDÓN", "40, LO LOGRÉ."

Ese día se vio al espejo y se vio linda, flaca, despreocupada, esbelta... se vio como una princesa. Como la princesa que ella siempre quiso ser. 

Pero las cosas no duran para siempre.


Esmeralda Casares, de 20 años, fue encontrada muerta en su departamento en Belgrano. Se encontraba en su baño, desnuda, con un peso muy por debajo del adecuado y con un pastillero vacío y una nota al lado que decía, textualmente "Logré ser una princesa. Puedo morir en paz".

25 diciembre, 2013

Niño

Niño, apaguemos las velas y juguemos a las escondidas.

Niño, estoy cansado de esperarte. Ven aquí, conmigo, y juguemos a las escondidas.

Niño, te quiero. ¿Tú puedes decir lo mismo?

Niño, ¿me haces feliz? ¿me lastimas? ¿me dañas? ¿me salvas? Ya no entiendo.


Niño, apaguemos las velas y empecemos a jugar. 
Mamá pronto llegará a casa y nos podrá retar.

22 diciembre, 2013

Estrellas en el cielo.

-Qué bellas son las estrellas, no, abuela? -le dijo Angus en su última noche antes de partir a Polonia.
-Sí, cariño, son hermosas. Las miraré cada noche para recordarte. Te voy a extrañar.
-Yo también, abuela. Yo también.

El tren partió a las seis y allí estaba la abuela, vestida de blanco, sencilla, despidiendo a Angus hasta quién sabe cuándo. La vida en Polonia es dura, más si te envían como teniente.
Angus extrañaba a la familia, extrañaba su vida, extrañaba las estrellas vistas desde su jardín.
Angus era infeliz allí.

Después de padecer, de extrañar, de no aguantar, Angus una noche particular miró las estrellas y, para adentro, dijo:
-Qué bellas son las estrellas, no, abuela?
Cerró los ojos y se transformó en una de las tantas estrellas en el cielo, esas que la abuela miraba cada noche, sin saber que, algún día, alguien la miraría a ella desde allí.

10 diciembre, 2013

Hambre.

Quiero aferrarte a mi cama con mi cabello y lamer tus labios hasta agotar ese sabor acaramelado. Hey, no te preocupes ni te asustes... pero no tengo ni pensado terminar ahí.
Después morderé cada centímetro de tu labio inferior, jugaré hasta cansarme con el superior y terminaré inhalando tu aire, buscando en tu respiración las palabras que tímidamente no decís, de esas que sumisamente guardás en vos.

¿Mi hambre te asusta?
Mi hambre te desea.

07 diciembre, 2013

Kilómetros.

Son noches como estas en las cuales yo no me voy a dormir sin antes escuchar una canción que nos recuerde. Aunque tampoco me iría sin tus besos, pero los kilómetros se nos burlan y no hay nada por hacer. Vos allá, yo acá, y ellos, los kilómetros, se nos ríen, casi a los gritos, porque hacen que nos perdamos, que estemos lejos... cuando buscamos encontrarnos, estar cerca. No hay remedio para el lado frío de mi cama, ese lado que tiene tu forma, tus ganas, mi deseo. Suelo consolarme mirando la brillante luna, reflejada en mi ventana, pensando que es la misma luna que te ilumina y me ilumina. Ella, sublime, protagonista, también tan lejana pero admirable y hermosa, me roba una insipiente sonrisa... me conforma, me reconforta. Y luego de eso dejo de mirarla, me doy vuelta, apago la luz de velador, y comienzo a contar lentamente los kilómetros que nos separan, exactamente esos que me ayudan a conciliar el sueño. Te confieso que más quisiera contar los lunares de tu cuerpo, tus poros, tus miedos, los míos... quisiera contarlos todos, y cuando termine, recomenzar una y otra vez... mimarlos, sonreírles, besarlos... pero, como sabemos, eso no es posible. Me duermo con esos malditos kilómetros en mi cabeza, y con estas ganas de vos. Me duermo con la idea de soñarte, de encontrarte en algún café o a la vuelta de una esquina cualquiera, como en esas películas de amor tan estúpidamente predecibles, pero que, desde que apareciste, no puedo dejar de mirar, de ver, de observar, de analizar. De pensarme ahí, con vos.
-"¡Los sueños, sueños son!"-me grita el lado frío de mi cama. Y ahí me hace pegar un salto a la realidad, se destruyen mis fantasías. Me levanto por la noche sin tener la mínima idea de qué hacer, abatido, pero con esperanzas vuelvo a mirar la ventana, a esa luna sola y lejana, pero esta vez no me devuelve su belleza; sólo me devuelve el reflejo de mi soledad. Y a la siguiente noche, todo se repite... una y otra vez, todo se repite.

¿Habrá manera de terminar con esta condena? ¿Habrá alguna mísera posibilidad de que, algún día, atravieses la ventana?

02 diciembre, 2013

Alegría.

-Hija, no querés salir a caminar?
-Sí, papá, salgamos.
-Bueno. Abrigate que hace frío.

Salimos a caminar por las calles repletas de hojas y de brisas frías. Salimos y nos dimos la mano. Dimos dos pasos y ella me abrazó. Me abrazó fuerte y no me agarró más de la mano para seguir caminando, sino que me agarró del brazo.

-Ay, qué lindo abrazo, amor.
-Me encanta abrazarte, pá.

...Esta basurita en el ojo que no sale...