Desde muy pequeño siempre me resultaron divertidos los espejos. Verte a vos mismo, saber cómo nos ve la gente, poder ver con detalle tus cosas lindas, tus cosas feas. El espejo nos muestra todo.
Pero cuando querés tocar lo que ves, te chocás con él y no podés acercarte más. El espejo nos limita. Ahora bien, ¿alguna vez se pusieron a pensar el por qué?
Desde una perspectiva más técnica, se sabe que un espejo es una superficie pulida en la que, al incidir la luz, se refleja lo que está frente a ella siguiendo las leyes de la reflexión. Pero para todo existe una perspectiva más mística.
El espejo nos protege de lo que nosotros no conocemos: el otro lado. Es el límite entre dos mundos; el que conocemos, el que transitamos y vamos a transitar siempre. Y el otro, el desconocido, el que hasta ahora nadie pudo pisar. El espejo es la frontera entre esos dos lugares.
¿Por qué no podemos pasar? ¿Qué hay al otro lado del espejo?
Allá, en el otro mundo, la vida debe ser oscura, fría, llena de injusticia, de dolor y de miedo. Entonces el espejo nos refleja a nosotros, pero en ese mundo; cómo seríamos nosotros a la hora de vivir allí. Pero no nos permite pasar y comprobarlo porque, justamente, no quiere que esa reflexión se convierta en una realidad. Solo él sabe por qué.
Pero, ¿y si somos nosotros quienes vivimos en un mundo oscuro, frío, injusto, doloroso y aterrador? ¿Quién nos asegura que el espejo refleja nuestro lado oscuro? Puede mostrarnos lo bien que estaríamos allá, sin prejuicios, ni corazones o almas rotas. Y tampoco nos da la posibilidad de vivirlo. Porque quizás nosotros somos la reflexión de quienes viven felices. Por eso existirían los monstruos internos de cada uno. Cuando nos miramos al espejo, nosotros somos los que nos sentimos horribles, los que queremos romper ese espejo y no volvernos a mirar nunca más. Pero, al otro lado, quizás la persona ama su figura y es nuestra antítesis.
Desde muy pequeño, me resultaron divertidos los espejos. Hoy me dan curiosidad. ¿De qué nos protege? ¿De quién nos esconde? ¿Quién anda por ahí, al otro lado del espejo?
Quizás algún día lo sepamos.
epojé. suspensión, parentetización de las doxas y de la realidad misma. ¡eureka! bienvenidx a mi mundo. ojalá no te pierdas tanto como yo.
30 julio, 2013
28 julio, 2013
Quiero quererme.
Quererse a uno mismo es una tarea difícil.
No quererme y resaltar mis propios defectos es lo que sale automáticamente cuando me veo al espejo. Y eso es lo que reflejo a la hora de relacionarme. Sentirme feo, inútil, molesto, entrometido y pesado son cosas típicas cuando hablo con alguien. Y quizás la otra persona puede creer que soy capaz, o quizás no, pero no piensa lo que yo sí pienso. Pero yo tengo tan adentro mío que yo soy así que no puedo asumir que los demás si pueden quererme más de lo que me quiero yo.
Hay momentos en los que me canso de ser así y de salir perdiendo a la hora de compararme. Me canso de ser yo siempre quien empieza a hablar, quien tiene que insistir y quien tiene que resignarse y esconderse y llorar bajo la pregunta "Qué tengo?" o "Qué hice mal?".
Quizás algún día sí logre resaltarme en algo. En algo que me sirva a mí para reconfortar mi autoestima. Espero algún día poder mirarme y decir "Estoy orgulloso de quién soy, de quién hago mostrar a los demás que soy, y de quién me convertí por mis logros". Espero algún día poder quererme.
Quiero quererme.
Pero me olvidé cómo.
18 julio, 2013
Delirios sociales.
La sociedad de hoy en día es el escenario protagonista y causante principal de nuestros delirios, como la búsqueda de la belleza ideal, el constante adelgazamiento como sinónimo erróneo de perfección, la discriminación desmedida como símbolo de superioridad, el vivir en una vorágine constante, el sentirnos desilusionados por todo lo que hacemos porque siempre hay alguien que critica tu esfuerzos.
Voy a hablar un poco más en profundidad de cada uno de estos delirios:
- La búsqueda de la belleza ideal: Desde tiempos inmemorables, diversas personas intentan buscar un significado de belleza que abarque el concepto que todas las personas tenemos de ella. Pero nadie lo encontró. Nadie logra encontrar una definición de la belleza porque es un concepto abstracto, tan grande y tan diverso como los seres humanos. Para mí algo es bello pero para otros no, y viceversa. Entonces, ¿por qué tenemos esa necesidad de buscar esa belleza ideal que nadie tiene? Amate y sentite bello por cómo querés ser, no por cómo te indiquen que tenés que ser. Eso va a atraer gente. Querete y sentite bello vos para que otros lo hagan.
- El constante adelgazamiento como sinónimo erróneo de perfección: La anorexia es algo casi constante en los adolescentes. Y lamentablemente no digo "las", porque también existen hombres que sufren por su estética y elijen el no comer. Creer que ser flaco es sinónimo de ser lindo es algo que la sociedad quiere tatuar en las mentes más débiles, las de los niños y adolescentes, para que sean esclavos del capitalismo y los medios de comunicación. Ser flaco no te define como ser estético. Comé lo que quieras, no te guíes por un número para definir tu belleza y tu felicidad, no es necesario.
- La discriminación desmedida como símbolo de superioridad: "el puto", "la torta", "la gorda esa", "el negro aquel", "esa, la de granos", "la inútil esa" y la lista sigue. ¿Quién sos para resaltar los defectos de otros? ¿Afrodita? ¿Dios? No. Sos un simple ser humano que también tiene defectos. Entonces, dejá en paz a la lesbiana o al gay, al asumido y al que no lo logró, al morocho, o a cualquier persona que, como vos, tiene defectos. Porque marcarle a otros lo que no tiene no te suma nada a vos.
- La vorágine: Todo es ahora, ya, sin descanso. Ya, bajá de peso. Ya, asumite. Ya, cogé. Ya, cumplí, sé el hijo perfecto, la madre ideal, el amigo de oro. Ya, ya, ya. STOP. De esta me bajo. No es todo ya, todo es a su tiempo, porque las cosas, cuando se hacen sin su debido tiempo, salen mal. Y no quisiéramos que salgan mal cosas cruciales para nuestra vida. En conclusión, no te apures en hacer nada que vos no quieras o no puedas. En algún momento vas a poder hacerlo, aunque sea años después de todo tu grupo de amigos o de hasta la misma sociedad.
- La desilusión ante la crítica: Como no somos perfectos para lo que la sociedad establece, nos desilusionamos. No somos flacos, no tenemos cutis perfecto, no sabemos 5 idiomas, no tenemos un doctorado en una carrera dificil, no tenemos la familia ideal, y muchos otros "no tenemos" que nos limitan a desilusionarnos y creer que somos unos idiotas que no podemos lograr nada. Y a la vez, de la mano, va la crítica. Propia y ajena. El criticarnos porque no sabemos hacer nada, porque no nos sale nada, porque somos unos pelotudos y porque no somos como aquel otro que la vida le sonríe y le sale todo maravilloso. Y por otro lado, la exigencia de otras personas, que esperan de nosotros mucho más de lo que podemos dar, mucho más allá de lo que hasta nosotros mismos quisiéramos poder ser. La exigencia de otros, mejores y más capaces, que destruye nuestra autoestima y nos vuelve a traer ese sentimiento de desilusión. Un círculo vicioso que puede terminarse sin tanta crítica a temas que no nos incumben y más atención a la vida de cada uno.
En fin, la sociedad nos brinda estos delirios sociales, entre muchos otros.
Estos delirios que, como la misma palabra lo indica, son locuras, cosas que no existen y no existirán nunca. Obviamente locuras impuestas por nuestra mente, con la ayuda estelar de los medios, las otras personas, los ideales irreales de belleza y de calidad de vida, la exigencia desmedida y la comparación con el otro, generalmente en desventaja nuestra.
No dejes que tu mente se llene de estos delirios. Sonreí, hacele un lindo fuck you a todas estas ideas y viví la vida como vos creas que tenés que vivirla. Tu felicidad va a irradiar felicidad a otras personas y, ¿quién dice? Quizás sonriendo podamos cambiar el mundo.
14 julio, 2013
Quiero.
Por fin me he decidido a ser valiente, ir de frente, guiarme por el corazón y no por la razón. Las manos me temblaban, el cuerpo me pesaba, el corazón latía fuerte, pero me sentía feliz. Lo sé, lo siento en tu mirada, en la media sonrisa que aparece cuando pienso en vos. Siento que lo sentís vos también.
Quiero que sepas que sí, admito que cambia mi forma de ser cuando hablo con vos, admito que me quedo completamente embobado con tus palabras y tus demostraciones repentinas de afecto. Quiero estar con vos, quiero que seas vos quien me llame cuando necesita a alguien, quiero que sea tu nombre el que escriba en mi agenda inconscientemente junto a miles de corazones, quiero que sean tus mensajes los que terminen con un ''te amo'', quiero que sea con vos con quien sienta mariposas en el estómago, quiero que seas vos quien esté en mi cabeza día y noche, quiero todo eso. Porque te quiero, a vos, a tus virtudes y tus defectos. Quiero que podamos compartir una fecha, un lugar mágico, una canción especial y una frase única. Quiero compartir con vos los mejores momentos de mi vida, así, sin rodeos ni complicaciones.
Quiero que sepas que sí, admito que cambia mi forma de ser cuando hablo con vos, admito que me quedo completamente embobado con tus palabras y tus demostraciones repentinas de afecto. Quiero estar con vos, quiero que seas vos quien me llame cuando necesita a alguien, quiero que sea tu nombre el que escriba en mi agenda inconscientemente junto a miles de corazones, quiero que sean tus mensajes los que terminen con un ''te amo'', quiero que sea con vos con quien sienta mariposas en el estómago, quiero que seas vos quien esté en mi cabeza día y noche, quiero todo eso. Porque te quiero, a vos, a tus virtudes y tus defectos. Quiero que podamos compartir una fecha, un lugar mágico, una canción especial y una frase única. Quiero compartir con vos los mejores momentos de mi vida, así, sin rodeos ni complicaciones.
10 julio, 2013
Mamá.
Mamá es un cohete rápido que va por casa disparado y que está en todas partes al mismo tiempo.
Mamá es esa malabarista que pone el lavarropas con una mano, mientras cocina con la otra, sosteniendo las facturas que hay que pagar con la pera y discutiendo por celular con una profesora que me trató mal.
Mamá es esa maga que puede hacer desaparecer lágrimas con un beso.
Mamá es esa Mujer Maravilla capaz de levantarme si me caigo.
Mamá es esa campeona de atletismo, capaz de llegar en décimas de segundo a mi lado para evitar que me mate por las escaleras.
Mamá es esa heroína que vence siempre a mis pesadillas con una caricia.
Mamá es esa señora con más tiempo para enseñar y compartir cosas conmigo que para ir a la peluquería.
Mamá es esa persona que lee e inventa las historias más divertidas sólo para que me calme y pueda dormir.
Mamá es esa señora que lleva en el bolso pañuelitos por si tengo mocos, comida, un sweater por si tengo frío y un libro por si me aburro.
Mamá es esa chef que es capaz de hacerme una cena riquísima con dos boludeces que quedaban en la heladera porque está cargada de trabajo y no pudo ir a comprar, aunque se quede ella sin comer.
Mamá es ese médico que sabe con sólo mirarme si tengo fiebre, cuánta, y si realmente tengo que faltar al colegio o simplemente quiero seguir durmiendo.
Mamá es esa economista capaz de ponerse la ropa de hace cientos de años para que yo vaya lindo a bailar.
Mamá es esa cantante que todas las noches canta la canción más dulce mientras me acaricia para dormir.
Mamá es esa payasa que hace que me muera de risa con solo mover la cara o hacerme cosquillas.
Mamá es esa sonámbula que puede levantarse dormida a las 4 de la mañana para mirar si estoy bien, si llegué a casa, para taparme, darme jarabe para la tos o un poco de agua... todo a oscuras y sin despertarse.
¿La ves? Es aquella, la más hermosa, la que sonríe a pesar de los problemas, de sus propios problemas. La que nunca bajó los brazos por verme feliz, la que nunca dejó de luchar por mis sueños, aunque no muchos de los suyos pudo cumplir. La que con una chocolatada y unas galletitas me salva de mis peores angustias.
La mejor mamá del mundo.
Mamá es esa malabarista que pone el lavarropas con una mano, mientras cocina con la otra, sosteniendo las facturas que hay que pagar con la pera y discutiendo por celular con una profesora que me trató mal.
Mamá es esa maga que puede hacer desaparecer lágrimas con un beso.
Mamá es esa Mujer Maravilla capaz de levantarme si me caigo.
Mamá es esa campeona de atletismo, capaz de llegar en décimas de segundo a mi lado para evitar que me mate por las escaleras.
Mamá es esa heroína que vence siempre a mis pesadillas con una caricia.
Mamá es esa señora con más tiempo para enseñar y compartir cosas conmigo que para ir a la peluquería.
Mamá es esa persona que lee e inventa las historias más divertidas sólo para que me calme y pueda dormir.
Mamá es esa señora que lleva en el bolso pañuelitos por si tengo mocos, comida, un sweater por si tengo frío y un libro por si me aburro.
Mamá es esa chef que es capaz de hacerme una cena riquísima con dos boludeces que quedaban en la heladera porque está cargada de trabajo y no pudo ir a comprar, aunque se quede ella sin comer.
Mamá es ese médico que sabe con sólo mirarme si tengo fiebre, cuánta, y si realmente tengo que faltar al colegio o simplemente quiero seguir durmiendo.
Mamá es esa economista capaz de ponerse la ropa de hace cientos de años para que yo vaya lindo a bailar.
Mamá es esa cantante que todas las noches canta la canción más dulce mientras me acaricia para dormir.
Mamá es esa payasa que hace que me muera de risa con solo mover la cara o hacerme cosquillas.
Mamá es esa sonámbula que puede levantarse dormida a las 4 de la mañana para mirar si estoy bien, si llegué a casa, para taparme, darme jarabe para la tos o un poco de agua... todo a oscuras y sin despertarse.
¿La ves? Es aquella, la más hermosa, la que sonríe a pesar de los problemas, de sus propios problemas. La que nunca bajó los brazos por verme feliz, la que nunca dejó de luchar por mis sueños, aunque no muchos de los suyos pudo cumplir. La que con una chocolatada y unas galletitas me salva de mis peores angustias.
La mejor mamá del mundo.
Monstruos del espejo.
Me miré al espejo. Veía ojeras y, detrás de ellas, un mundo que se caía, un mundo cansado, triste, oscuro. Ese espejo reflejaba lo que nunca quise ver, lo que vivía escondiendo, y lo que no quería ni podía ver. El espejo mostraba cada centímetro de mí, cada pequeño detalle de mi cuerpo y de todo mi ser. El espejo reflejaba alguien que no era yo. Alguien diferente, más oscuro, distante e inmensamente triste. Ese maldito espejo mostraba la realidad que no quería ver de mí mismo. Mostraba quién era.
Pasaban los días y no miraba el espejo. No lo miraba porque no me sentía listo para volver a enfrentarme. Ver el monstruo que me rasguñaba las entrañas, poder verlo a través de ese espejo. Quería liberar el monstruo que existía dentro de mí pero no tenía el coraje ni la fuerza para hacerlo. Quería salir. Ser feliz.
Hoy. El gran momento. Espejo, te juego la revancha.
Me miré. Allí estaba yo, mi pelo alborotado, mi camisa roja, mis jeans negros, mis zapatillas, mi barba, mis anteojos, mis anillos, mis pulseras. Pero no había señales de nada. Solo yo, mi cuerpo, mis cosas lindas y las no tanto. Yo.
Y en ese mismo momento aprendí que nuestro monstruo vive de nuestros complejos. No de los defectos propios de cada ser, como puede ser una frente ancha, una nariz grande o unos kilos de más. Sino esos complejos creados por nuestra propia mentalidad. Esos complejos que crea nuestro monstruo interno para destruirnos. Y construirse él. Y que cuando dejás de darle de comer y te preocupás justamente por eso, por no preocuparte, el monstruo se debilita y desaparece, como por arte de magia, para siempre.
No dejes que tu monstruo invada tu cuerpo. Sé feliz como sos, con tu frente ancha, tu nariz grande, tus kilos de más, tus lunares y todo lo que sentís feo de vos mismo. Todos tenemos nuestra belleza, todos tenemos algo por lo cual sentirnos orgullosos. No dejes que tu monstruo del espejo te robe esa belleza. No dejes que aparezca en tu espejo. No dejes que el maldito monstruo del espejo gane la pelea.
Pasaban los días y no miraba el espejo. No lo miraba porque no me sentía listo para volver a enfrentarme. Ver el monstruo que me rasguñaba las entrañas, poder verlo a través de ese espejo. Quería liberar el monstruo que existía dentro de mí pero no tenía el coraje ni la fuerza para hacerlo. Quería salir. Ser feliz.
Hoy. El gran momento. Espejo, te juego la revancha.
Me miré. Allí estaba yo, mi pelo alborotado, mi camisa roja, mis jeans negros, mis zapatillas, mi barba, mis anteojos, mis anillos, mis pulseras. Pero no había señales de nada. Solo yo, mi cuerpo, mis cosas lindas y las no tanto. Yo.
Y en ese mismo momento aprendí que nuestro monstruo vive de nuestros complejos. No de los defectos propios de cada ser, como puede ser una frente ancha, una nariz grande o unos kilos de más. Sino esos complejos creados por nuestra propia mentalidad. Esos complejos que crea nuestro monstruo interno para destruirnos. Y construirse él. Y que cuando dejás de darle de comer y te preocupás justamente por eso, por no preocuparte, el monstruo se debilita y desaparece, como por arte de magia, para siempre.
No dejes que tu monstruo invada tu cuerpo. Sé feliz como sos, con tu frente ancha, tu nariz grande, tus kilos de más, tus lunares y todo lo que sentís feo de vos mismo. Todos tenemos nuestra belleza, todos tenemos algo por lo cual sentirnos orgullosos. No dejes que tu monstruo del espejo te robe esa belleza. No dejes que aparezca en tu espejo. No dejes que el maldito monstruo del espejo gane la pelea.
06 julio, 2013
tenerte lejos.
Tenerte lejos cuando más te necesito es una de las peores cosas que me pasan.
Tenerte lejos cuando más quiero tenerte cerca es una de las cosas que más odio de mí.
Tenerte lejos cada vez que quiero abrazarte es el peor castigo.
Tenerte lejos cada día que tengo ganas de salir con vos es lo más feo de todo.
Tenerte lejos. Eso ya es feo. Porque no quiero, no me gusta y hay veces que no lo aguanto.
Tenerte cerca. Para siempre. Eso sí sería una de las cosas más lindas que podrías hacer. O mejor dicho: Que podríamos hacer. Juntos.
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