Tener un hermano con autismo no es una tarea fácil. Ver llorar a tu mamá cada noche, buscando con ojeras inocultables sobre su enfermedad, cómo tratarla, qué es mejor y qué peor... verla llorar en los brazos de tu papá, buscando una palabra de quien ya sabe un poco más, buscando un consuelo, un simple "todo irá bien"...
El autismo para un hermano también duele. Duele cuando estás una hora tratando de descifrar qué le pasa y te das cuenta que solo tenía un poco de sed.
Duele cuando tiene fiebre o dolor en alguna parte que no sabe decirte dónde es. Duele cuando no entiende que no podés jugar porque estás estudiando o estás con tus amigos y se enoja porque cree que no le importás. Duele cuando viene Papá Noel y los Reyes y me veo a mí jugando con mis juguetes nuevos y a él con las cajas. Duele cuando está triste y no hay manera que sepas por qué y que, queriendo descubrirlo, recibas gritos, golpes y rabietas.
Duele cuando llega furioso de la escuela, quizás porque alguien lo lastimó o nadie lo entendió, y no puede explicártelo y te genera una sensación de ir y querer matar a cualquiera que lo haya tocado.
Duele cuando juegan juntos en la plaza y ves que los papás de otros nenes alejan a sus niños de él.
Duele cuando vas al súper y le agarra una rabieta y todos lo miran como si fuera un monstruo. ¡¿QUÉ MIRÁS, IMBÉCIL?!, suena en la mente. Duelen las miradas perdidas, las veces que le hablás y no responde porque está en su mundo, quizás más entendido que en el mío. Duele el rechazo de tus amigos o de otros familiares que no logran entender que tiene autismo y que es por eso que quizás a veces reacciona mal.
Duele que en sus cumpleaños los únicos invitados son sus primos y nosotros, sus hermanos. Duele en el alma no saber si él sabe que lo amás infinitamente.
Duele escuchar a otros hermanos hablar de los progresos del suyo, mientras que el tuyo está luchando para poder hablar o dejar de hacerse pis y caca encima.
Duele saber que quizás nunca le salga de su boca un "Hermano, te amo".
Que nadie venga a decirme que, porque sea hermano, no entiendo nada sobre el autismo o que es una discapacidad que no duele, porque sí, duele, y mucho más de lo que piensan. Ese maldito dolor... Hay días que es muy muy muy fuerte, tanto que a veces sentimos que nos sobrepasa y queremos tirar todo al fondo del mar, intentando olvidar todo y pidiéndole a Dios o a quien sea un respiro, un poco de normalidad... y hay otros días que quizás duele menos y son más tranquilos; pero siempre duele. Y, hasta hoy, no existe una receta para olvidarte de ese dolor.
Con este dolor caminamos todos los días, con este dolor sonreímos, con este dolor seguimos nuestro camino, de la mano de nuestros hermanos, y nunca paramos, porque detenernos significa que mi hermano empeore y eso, ufffff... eso sí que duele.
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