Nuestra relación, mi vida, la tuya, la nuestra. Todo se caía a pedazos. No había manera de sostenerlo, o al menos eso creíamos los dos. Y, como un castillo de naipes, nuestra relación se desplomó. Se desplomó y en ese momento sentí que yo también lo hacía. Y que a vos no te importaba, porque vos sí estás bien. Sentía que a vos te parecía lo correcto, que está bien que nos separemos y que nuestra historia se bifurque, para nunca volvernos a ver.
Pero sabés qué? No puedo. No puedo, no me sale. Estoy programado para vivir y ser feliz con vos. Todas las personas estamos llenas de errores, de desaciertos, de actos y comentarios fallidos, y aún así siguen en pie. Lo nuestro es un pequeño tropiezo, es algo que con el tiempo va a mejorar. Porque confío en nosotros y en lo que sentimos. O al menos en lo que yo siento.
Lamentablemente te dejé ir. Hoy ya no estás y yo tampoco estoy. Vos no estás en mi vida y yo no estoy en la mía.
Sigo en vos. Porque hubo un día en el que te dejé ir, pero mi alma también se fue, con vos.
Seguís en mí. Porque hubo un día en el que te fuiste, pero, para mí, para nuestro amor, no lo hiciste.
epojé. suspensión, parentetización de las doxas y de la realidad misma. ¡eureka! bienvenidx a mi mundo. ojalá no te pierdas tanto como yo.
25 junio, 2013
18 junio, 2013
Real
Me hacés sentir real. Cuando aparecés, mi cuerpo vibra, se despierta, brilla como una estrella en el medio de la noche. Me hacés sentir feliz, tan feliz, casi como si no tuviera problemas. Lográs que quiera cosas que ni yo pensaba que alguna vez podría querer, hacés que yo me vea como ni siquiera pensaba que algún día podría hacerlo. Hacés que sonría mientras me caen mis peores y más grandes lágrimas. Sólo con tus palabras lográs todo eso y más. Lo lográs vos, y tu bella presencia.
Por eso, por favor, no dejes de hacerlo, no por ahora, ni nunca. Es que, en serio, hoy no quiero apagarme. Tengo mucho por qué brillar todavía, siento que tengo muchas cosas para hacerlo o para brillar cada vez un poquito más, y tu presencia es la base de este brillo. No quiero sentirme irreal, porque así me siento al estar sin vos. Dejame seguir siendo como soy.
Seguí siendo vos. Y así, puedo ser yo.
12 junio, 2013
Carretera.
Me quiero escapar de mí. Corro hacia todas partes buscando una salida rápida. Corro con prisa, con desesperación y con un miedo frío que me recorre el cuerpo. Hasta que con mis pies siento que recorro esta vieja carretera, la transito con la ilusión de terminar en un buen lugar. Camino, y cada paso me fortalece. El viento me pega en la cara, es una mañana tan fría. El sol me molesta pero sigo en mi camino. Esta carretera me hace acordar a mí: solitaria, gastada, pacífica. Nadie más que yo camina en esta vieja carretera.
Los minutos pasan y yo sigo caminando con un rumbo definido. No sé donde voy a terminar, no sé por qué estoy caminando, no sé por qué siento que no hago lo correcto y aún así sigo caminando. Creo que la vida se trata de eso, de hacer las cosas que sientas aunque pienses que no son correctas.
De repente, la carretera termina. Termina, y lo que antes era un extenso pavimento, ahora es una angosta calle de tierra que conduce a un bosque. Podía elegir volver a donde empecé, y no arriesgar mi vida en el intento de descubrir algo nuevo. Pero no quería volver. Entonces giré, miré al cielo, al horizonte y levanté la mano saludando a quién sabe qué cosa, o qué persona. Sentía que era una despedida a todos.
Pisé la calle de tierra y sabía que el juego había comenzado. El bosque era inmenso, maravilloso. Caminaba y casi no prestaba atención al camino, ¿cómo iba a poder hacerlo? Era imposible. La diversidad de árboles, plantas, flores y pájaros era increíble.
En un momento empecé a sentirme perdido, ya estaba adentro del bosque y no sabía dónde podía ir. Encontré, entre los árboles, un camino que me llevaba a lo que yo creía que era mi salvación. Desde donde estaba se veía una calle de asfalto, una cerca de madera y mucho pasto. Caminé corriendo hacia allá, rápido, fugaz y sin pensar en lo que venía. Exactamente de la misma manera en la que corrí hacia la carretera cuando empecé en esta propia búsqueda. Ya casi llego, vamos, más rápido. Las piernas me duelen de tanto correr, de tanto escapar.
Llegué a la calle. Era tan solitaria que daba miedo. Empecé a caminarla con susto, y misterio. Camino, y cada paso me debilita. La brisa de la tarde me llena de frío y me provoca un pequeño temblor. Qué tarde tan fría. Sigo sin saber dónde voy a terminar y no sé por qué decidí empezar este camino. De repente, la carretera terminó y veo a mi madre esperándome en la puerta. "Entrá, hace frío".
Y en ese momento, descubrí que la vida se trata de eso; un círculo constante en el que tenés que hacer las cosas que creés mejores, no las que creés correctas. Todos nosotros vivimos buscando nuestra carretera, nuestro bosque... nuestra salvación.
No perdés nada buscándola una vez más.
10 junio, 2013
Buen viaje.
Las valijas, terminadas. Los pasajes, sobre la mesa de roble. ¿A dónde voy? No tengo la menor idea, pero necesito irme. Escaparme de todo, hasta de mi propia sombra. Porque siento que hoy mi solución es esa, escaparme de lo que me hace mal, no me siento listo para enfrentarlo. Siento que me derrumbaría, que me caería, y sé perfectamente que esa caída no tiene final. Y si lo tiene, es tan profundo y oscuro que no puedo contarlo.
Por eso decido irme. Para empezar de nuevo, solo. No hacer lo mismo que hago acá, no cometer los mismos errores, no repetir las mismas historias, no esconder los mismos secretos. Me voy para ser quien yo siempre deseé ser y no pude. ¿Por qué no pude? Porque no me lo permiten ni me lo permito yo. Principalmente yo.
Me voy para no volver nunca más. No me llamen, no volveré. No me esperen, no van a tener noticias. No pregunten por mí, voy a estar bien, sin ustedes.
Un simple "Hasta pronto, buen viaje" es todo lo que escucho. Cerré la puerta y grité. Por fin, por fin solo, libre, suelto, liviano y frágil como una brisa de primavera que estrena el día. Por fin iba a lograr empezar mi vida otra vez. Tuve una segunda oportunidad, un nuevo libro vacío se ha abierto y tenía la posibilidad de comenzar a escribirlo otra vez.
Los días pasan y aquí estoy yo, viajando por algún lugar que no sé cuál es. Muchos árboles, calles de asfalto, flores. El colectivo pasa por ahí y el aire que entra por la ventana me pega en la cara. Me sentía completamente renovado.
Llego a un lugar que no puedo describir de lo bello que es. Es lo que soñé desde muy pequeño. Mi paraíso.
Conseguí una casa frente al mar, donde desempaqué y coloqué mi ropa, algunos objetos que pude traerme, fotos, y muchos carteles.
Pasaron semanas y yo sentía que mi vida cobraba nuevamente sentido. Conseguí trabajo como maestro en una pequeña escuela, mis alumnos me aman y yo los amo a ellos y me siento radiante. Logré mi sueño, soy feliz por un rato. Aprovecharé al máximo este rato, nunca se sabe cuándo puede terminar.
Junio. Frío, solitario, oscuro. El peor Junio de mi vida.
Salí a trabajar mientras fumaba un poco y no ví que un gran camión venía sin frenos a toda velocidad. La bocina sonó demasiado tarde y me arrolló. Sentí las ruedas en mis costillas y de repente, cerré los ojos.
Me siento parte del viento, porque soy parte de él. O quizás soy el viento.
Me levanté y dejé mi cuerpo dolido tirado en esa calle. Y mientras volaba, logré repetirme a mí mismo:
Buen viaje.
Por eso decido irme. Para empezar de nuevo, solo. No hacer lo mismo que hago acá, no cometer los mismos errores, no repetir las mismas historias, no esconder los mismos secretos. Me voy para ser quien yo siempre deseé ser y no pude. ¿Por qué no pude? Porque no me lo permiten ni me lo permito yo. Principalmente yo.
Me voy para no volver nunca más. No me llamen, no volveré. No me esperen, no van a tener noticias. No pregunten por mí, voy a estar bien, sin ustedes.
Un simple "Hasta pronto, buen viaje" es todo lo que escucho. Cerré la puerta y grité. Por fin, por fin solo, libre, suelto, liviano y frágil como una brisa de primavera que estrena el día. Por fin iba a lograr empezar mi vida otra vez. Tuve una segunda oportunidad, un nuevo libro vacío se ha abierto y tenía la posibilidad de comenzar a escribirlo otra vez.
Los días pasan y aquí estoy yo, viajando por algún lugar que no sé cuál es. Muchos árboles, calles de asfalto, flores. El colectivo pasa por ahí y el aire que entra por la ventana me pega en la cara. Me sentía completamente renovado.
Llego a un lugar que no puedo describir de lo bello que es. Es lo que soñé desde muy pequeño. Mi paraíso.
Conseguí una casa frente al mar, donde desempaqué y coloqué mi ropa, algunos objetos que pude traerme, fotos, y muchos carteles.
Pasaron semanas y yo sentía que mi vida cobraba nuevamente sentido. Conseguí trabajo como maestro en una pequeña escuela, mis alumnos me aman y yo los amo a ellos y me siento radiante. Logré mi sueño, soy feliz por un rato. Aprovecharé al máximo este rato, nunca se sabe cuándo puede terminar.
Junio. Frío, solitario, oscuro. El peor Junio de mi vida.
Salí a trabajar mientras fumaba un poco y no ví que un gran camión venía sin frenos a toda velocidad. La bocina sonó demasiado tarde y me arrolló. Sentí las ruedas en mis costillas y de repente, cerré los ojos.
Me siento parte del viento, porque soy parte de él. O quizás soy el viento.
Me levanté y dejé mi cuerpo dolido tirado en esa calle. Y mientras volaba, logré repetirme a mí mismo:
Buen viaje.
08 junio, 2013
Lágrimas.
Podría dar la fórmula química de la lágrima para definirla, pero creo que sería una estupidez. Sabemos que es un líquido que sirve para lavar el globo ocular, pero una lágrima es más que un simple líquido.
Entonces, ¿qué son las lágrimas? Son la consecuencia de contener hasta no poder más. Una alarma del cuerpo, un sinónimo de "ya no puedo más".
Lloramos cuando necesitamos mostrar que, ya sea la alegría o la tristeza, nos invade. Podemos llorar por un sueño cumplido, un objetivo bien desarrollado, una buena noticia. Como también podemos llorar por una pérdida, una decepción, una mentira o cuando caemos en la cuenta de que el tren que nos correspondía pasó por nuestra estación y no lo tomamos.
Llorar es sano, es renovador, descargante, hermoso. Es liberar lo que tenemos adentro y no podemos sacar de ninguna otra manera. ¿Quién dijo que está mal? ¿Y quién establece las reglas de quién puede llorar y quién no? ¿La sociedad? ¿La misma sociedad que critica quien piensa distinto a sus parámetros y la discrimina? Qué lindos antecedentes.
Nunca tengas miedo de llorar ni de mostrar tu debilidad, porque nunca sabés quién puede estar viéndote. Nunca sabés quién puede estar calmándote sin que vos lo sepas. No sabés quién puede estar salvándote.
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