Acá también estoy:

03 septiembre, 2015

Las puertas del cielo.

Del otro lado del espejo, en ese donde no estoy más, me encontré pero no me encontraron. Ya por suerte casi nadie lloraba, y a mí ya no me dolía la pérdida. Sentí el perfume de mi papá, el bizcochuelo de mamá, sentí otra vez las manos de quienes ya no están conmigo y encontré abrazos que la vida me robó hace tiempo. Encontré mi pasado perverso, mi parte escondida, mi basura bajo la alfombra y, desde este lado, ahora lo entiendo todo. Entendí que todo fue y es necesario, que nadie verdaderamente feliz no es un poco hija de puta y que todos tenemos secretos oscuros que nos llevamos a la tumba.  

Del otro lado del espejo me encontré. No quise volver a donde estoy, quería quedarme un ratito más, pero tuve que hacerlo. Cada vez que me miro en el espejo, en ese otro lado donde ya no estoy, siento las ganas de volver a encontrarme, de volver a ver la sonrisa de quienes me quieren cuando llego, de decir cantando y bailando "aquí estoy y no me iré jamás"... pero para eso sé que falta, me contaron donde estoy ahora que no era el momento de ninguno, sólo de mí.

Abracé con mi calor y mi presencia toda mi casa, esa casa que me vio crecer y que me vio partir. 

Dije en silencio: "Mamá y papá, los amo, no me extrañen porque no me fui. Los amo, esto es un hasta pronto" y me fui.

Volví a mi lado del espejo; toqué las puertas del cielo.

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