Acá también estoy:

23 julio, 2014

Purpurina y otras drogas.

Veía los posters de modelos como Valeria Mazza y Araceli González, que eran un boom, unas diosas totales; cualquier chica quería ser como ellas. Yo, con trenzas, brackets y polleras largas de esa lana que pica mucho (pero que debía usar porque mi mamá me obligaba) me veía tan lejana a ellas. El sueño de ser modelo era tan solo eso, un sueño.

-Esa mierda no es para vos, Caasandra, no. Vos tenés cerebro, no tenés por qué abrir las piernas para hacerte valer como esas imbéciles. Son todas rubias huecas, nenas tontas que lo único que hacen es sonreír para una puta cámara y contar billetes. Vos no tenés ese futuro para nada, tenés que trabajar en serio, esforzarte y ser alguien, mi amor, entendés? -dijo mi papá, cuando, harta de trabajar pesando milanesas y cortando roast beef, le dije que quería renunciar y empezar la carrera de modelaje.

-Si vos sos feliz, yo también. Cumplí mi sueño, Cas. No le hagas caso a tu papá, yo hablo con él. -decía mi mamá.

¿A quién le hice caso? Obviamente, a quien piensan. Salí de la carnicería y llegué a casa con unos nervios que me carcomían de a poco. ¿Y si soy demasiado baja? ¿Si me notan mis cuatro kilos de más? Ir y que me rechacen sería peor que no haber ido nunca. Aún así, tenía la aprobación de alguien y eso me daba ganas de averiguar.
Primero me planché el pelo y dejé que las puntas queden con ondas, como para causar un look casual y a la vez muy diosa. Me puse un vestido negro ajustado hasta la cintura y con una pollera volada que me hacía unas piernas estilizadas que hasta a mí misma me volvían loca. Me maquillé, por segunda vez en mi vida (la primera y única vez que me maquillé fue para el casamiento de mis viejos, porque era un evento que, según los demás, para mí era hiper especial -en realidad era una fiesta entre tantas, la gente me decía qué carajo tenía que sentir, era terrible!-). Empecé por la base, primero líquida y luego en polvo para retocar detalles. Rimmel, sombra, lápiz labial y brillo. Me miraba al espejo y no me reconocía, pero me gustaba lo que veía. Lo único que me hacía ruido eran mis brackets, pero me faltaban 2 semanas para sacármelos. "Los soportaste dos putos años, enteros, Caasandra, no seas pelotuda y fumátelos dos semanas más. Los tipos de las agencias te van a entender".

La escuela de modelos estaba en un primer piso. Entré y una rubia con ojos enormes me miró de arriba a abajo.

-Buenos días, vengo a inscribirme para la carrera de modelaje. No entiendo mucho y no sé qué hacer, pero realmente estoy entusiasmada con la idea de empe...
-Tenés con qué, diosa. Pasá por acá.

¡Empezamos bien! Me hicieron llenar unos formularios. Me explicaron que el curso dura un año y medio y que tengo materias cuatrimestrales como Pasarela I y II, Asesoramiento de Imagen, Historia de la moda y Nutrición. "Nunca te vamos a obligar a que no comas! Sabemos que la nutrición adecuada es esencial para una buena modelo" (no pensaba dejar de hacerlo, rubia vacía).

Las clases empezaban en Marzo y yo no podía dejar de pensar en cómo sería, en qué tendría que hacer, qué me esperaba, cuándo sería mi primer desfile. Empecé a trabajar más días y más horas en la carnicería en el verano para juntar plata y poder pagarme puramente con mi trabajo mi curso de modelaje. Mi papá me miraba enojado desde que me anoté en el curso, obviamente no estaba de acuerdo con que empezara "ese cursito de morondanga, el cursito de prostitución encubierta". Mamá siempre lo callaba. Yo trabajaba y mucho, y eso a mi papá lo calmaba un poco. Había días que hasta hacía triple turno sólo para ganar más plata y también el cariño y el respeto de mis papás.


Se hizo Marzo y yo estaba más flaca, sin brackets, con ropa lindísima y con ganas de empezar una vida nueva. Una vida nueva, rodeada de gente nueva. Con proyectos nuevos y lugares desconocidos. Había logrado juntar la plata de todo el curso durante el verano y pagué todo por adelantado.
Listo, ya era estudiante y modelo en potencia. Pero no de las vacías, las que sólo abren las piernas para hacerse valer, las que no saben nada más que sonreír y caminar con tacos. Yo quiero ser una modelo que vaya más allá, que haga historia. Que tenga, de grande y con trayectoria, su propia academia de modelos. "Y sólo voy a tomar modelos inteligentes en mi escuela, ¿prometido Cas?".


Purpurina, pasarelas, flashes, desfiles, tacos bien altos. Ropa apretada, brillos, maquillajes, electrónica bien fuerte. Ese era mi mundo. El que tanto deseaba desde chica, desde que trabajaba en la carnicería de mis viejos y veía esos posters viejos pegados en la pared. Ya eso es mi pasado.

Se prenden las luces, la música suena fuerte y es mi hora de brillar. Allí voy. Voilá!

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