Acá también estoy:

01 enero, 2014

Noche estrellada.

Y en esa noche estrellada, me dí cuenta. Se sentía tan extraño. Como bailarines que danzaban como nunca dentro de mi estómago. Era un flechazo.
Fue un amor entre tucas, botellas de cerveza, puchos sin prender y besos correspondidos. Era un amor que me sentaba bien, un amor que me gustaba y que no iba a dejar ir tan fácilmente.
Por primera vez creo que me sentía radiante. Mis manos quedaban perfectas cuando las juntaba con las suyas y eso también pasaba con nuestros cuerpos. Su cuerpo me quedaba de maravilla.
Pero esa noche estrellada su cuerpo me quedaba mejor. Nos amábamos más que otras veces.
Dejé caer mi ropa en su pecho y, junto con ella, las ganas de él, de su cuerpo, de sus manos, de su espalda, de sus labios, de su puta toxicidad. En esa noche estrellada éramos los protagonistas. Mis manos, su pelo, mi pecho, su espalda, mis miedos, su deseo. Todo se mezclaba y se integraba perfectamente.

Esa noche estrellada fue inolvidable.

Entre caricias, besos, mimos y melancolía solté un "qué lindas son las estrellas". Porque lo eran. Lo eran... eran casi tan lindas como él.

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