Muchas de las cosas que hoy nos afectan están fuera de tu control. Aún así, no importan las circunstancias en las que te encuentres, porque tenés varias cosas en las que sí podés adueñarte y tomar el control. Uno es el que decide cómo tomar ese control. Uno es dueño de su actitud y de sus consecuencias.
En vez de resistir, aceptar: Aceptá todo lo que sea un hecho. Tu estrés aumenta cuando te resistís a cambiar o a aceptar los cambios. Al aceptar, aumentás tu poder. ¿Qué vas a aceptar hoy?
En vez de resignarse, aprovechar: Sé la causa de tus decisiones, de tus cambios. Decidí aprovechar lo que está en vos para poder lograr esas decisiones. Movete. ¿Qué oportunidad vas a aprovechar hoy?
En vez de evadirse, asumir: Es fácil mirar hacia afuera y encontrar la culpa en el otro... en lo que tiene, lo que no tiene, lo que logró, lo que no le pasa. El reto es asumir qué culpa tenés vos en las cosas. Cómo contribuyeron tus decisiones en lo que hoy te pasa. Si evadís tu responsabilidad, también evadís tu poder. Cuando logres asumir lo que te corresponde, lograrás adueñarte de tu poder y vas a poder tomar conciencia de qué aprender o mejorar. ¿Qué es hora de asumir?
En vez de desear, comprometerse: La única forma de obtener resultados diferentes es haciendo cosas distintas. Desear algo mejor es necesario, lógico y hasta aceptable, pero no es suficiente. El deseo debe ser acompañado por el compromiso. No te olvides que cambios simples hacen una gran diferencia. Para iniciar un gran viaje, se debe comenzar con un pequeño paso. ¿A qué te comprometés para sentirte mejor?
En vez de preocuparse, ocuparse: Movete hacia tu objetivo y allí va a estar, esperándote con los brazos abiertos. Hacete cargo de lo que puedas aprovechar, de lo contrario aceptá que eso se escapó de tu influencia y tenés que dejarlo ir. ¿Qué vas a incorporar en tu vida para empezar a ocuparte?
En vez de olvidar, agradecer: Cuando estás en el caos y la vorágine, es normal que pierdas el rumbo y quieras desconectar. El agradecer te reconecta. Siendo grato, los miedos se desvanecen y el poder de tus decisiones aumenta. ¿De cuántas cosas podés estar agradecido hoy? ¿Experiencias, amigos, amores, conocimientos, oportunidades, fortalezas, talentos?
En vez de desconfiar, confiar: Es decisión tuya. ¿Tus problemas son más grandes que vos o vos sos más grande que tus problemas?
En vez de ver lo negativo, apostar al éxito: Henry Ford decía que "si crees o no crees que puedes, estás en lo cierto". En vos está elegir apostar a tu éxito y tener esperanzas de que todo lo que decidís va a prosperar. Por eso, enfocate en lo que buscás: tu éxito. Ya aceptaste la realidad, identificaste lo que podés aprovechar de las circunstancias, asumiste responsabilidades. Estás comprometido a la acción y estás ocupándote y no preocupándote tanto. Decidís confiar en vos y en tus potencialidades. Confiás en tus decisiones. Lo que te queda, simplemente, es apostar a ganar y llevar tus poderosas decisiones a la acción.
epojé. suspensión, parentetización de las doxas y de la realidad misma. ¡eureka! bienvenidx a mi mundo. ojalá no te pierdas tanto como yo.
29 enero, 2014
20 enero, 2014
"Necesito ayuda".
El filo baila sobre mi piel mientras las lágrimas caen cansadas por mis mejillas. Otra vez volví a caer. Necesito ayuda. Necesito que me abracen. Necesito besos que reparen cada una de mis heridas. Las que se ven y las que todavía no.
El filo cae sobre el piso del baño. Lo miro, lleno de sangre y también caigo, desconsolado, pidiendo ayuda a mis adentros, porque nadie me escucha. Las lágrimas y la angustia recorren mis entrañas. Tengo frío. Tengo miedo. Necesito ayuda.
El metal frío deja marcas sobre mis brazos, sobre mis piernas, mi pecho, mi cintura, mis dedos, mis hombros... el filo del metal me recuerda lo infeliz que soy. Una marca por cada frustración. Una gota de sangre por cada desilusión. Por cada desagrado. Cada sabor amargo que no logré tragar. O quizás al revés... tantos sabores amargos juntos tuvieron que salir.
Y salieron. Salieron de mi boca los miedos, las amarguras, las injusticias, las tristezas. Las que no pudieron salir con la sangre.
Necesito ayuda. Estoy solo. Nadie me entiende. Nadie me quiere. Nadie me comprende.
Siento que las entrañas me duelen tanto como el alma. Tengo hambre. Tengo sueño. Tengo frío. Tengo mucho miedo.
Necesito sentirme vivo. Devolverme los colores. Esos que perdí hace tiempo y nunca pude recuperar. Necesito desprenderme del frío filo del metal para poder descargarme. Necesito estar feliz.
Pero no puedo hacerlo. No puedo. No me sale.
Estoy atrapado en mis propias trampas.
Estoy encerrado en mis miedos.
Tengo miedo. Mucho miedo. Y creo que necesito ayuda.
Y luego de eso, agarró el filo, aún manchado de sangre, lo clavó lo más profundamente que pudo en uno de sus brazos y se acostó. Cerró los ojos, llorosos de dolor. Dolor interno. De sentirse solo, sin amigos, sin nadie que lo abrace. Sin cariño.
El filo cae sobre el piso del baño. Lo miro, lleno de sangre y también caigo, desconsolado, pidiendo ayuda a mis adentros, porque nadie me escucha. Las lágrimas y la angustia recorren mis entrañas. Tengo frío. Tengo miedo. Necesito ayuda.
El metal frío deja marcas sobre mis brazos, sobre mis piernas, mi pecho, mi cintura, mis dedos, mis hombros... el filo del metal me recuerda lo infeliz que soy. Una marca por cada frustración. Una gota de sangre por cada desilusión. Por cada desagrado. Cada sabor amargo que no logré tragar. O quizás al revés... tantos sabores amargos juntos tuvieron que salir.
Y salieron. Salieron de mi boca los miedos, las amarguras, las injusticias, las tristezas. Las que no pudieron salir con la sangre.
Necesito ayuda. Estoy solo. Nadie me entiende. Nadie me quiere. Nadie me comprende.
Siento que las entrañas me duelen tanto como el alma. Tengo hambre. Tengo sueño. Tengo frío. Tengo mucho miedo.
Necesito sentirme vivo. Devolverme los colores. Esos que perdí hace tiempo y nunca pude recuperar. Necesito desprenderme del frío filo del metal para poder descargarme. Necesito estar feliz.
Pero no puedo hacerlo. No puedo. No me sale.
Estoy atrapado en mis propias trampas.
Estoy encerrado en mis miedos.
Tengo miedo. Mucho miedo. Y creo que necesito ayuda.
Y luego de eso, agarró el filo, aún manchado de sangre, lo clavó lo más profundamente que pudo en uno de sus brazos y se acostó. Cerró los ojos, llorosos de dolor. Dolor interno. De sentirse solo, sin amigos, sin nadie que lo abrace. Sin cariño.
19 enero, 2014
juegos.
Era una pobre niña tonta jugando a ser la intelectual, la rebelde, mientras fumaba cigarrillos mal encendidos, mientras se movía como una falsa leona con una copa de gin tonic en la mano. Ella se las rebuscaba para encadenarlo con sus cabellos, pero era muy inexperta como para hacerlo de manera sutil, así que se las ingenió para atrapar a su hombre por medio de besos telenovelezcos, risas mal actuadas y labial barato.
A él nada le importaba de su virgen comportamiento, sólo veía una linda niña jugando a ser mujer, y eso lo sacudía… estremecía su cuerpo con la pureza de su mirada, y le regalaba gotas de sudor envueltas en besos.
01 enero, 2014
Noche estrellada.
Y en esa noche estrellada, me dí cuenta. Se sentía tan extraño. Como bailarines que danzaban como nunca dentro de mi estómago. Era un flechazo.
Fue un amor entre tucas, botellas de cerveza, puchos sin prender y besos correspondidos. Era un amor que me sentaba bien, un amor que me gustaba y que no iba a dejar ir tan fácilmente.
Por primera vez creo que me sentía radiante. Mis manos quedaban perfectas cuando las juntaba con las suyas y eso también pasaba con nuestros cuerpos. Su cuerpo me quedaba de maravilla.
Pero esa noche estrellada su cuerpo me quedaba mejor. Nos amábamos más que otras veces.
Dejé caer mi ropa en su pecho y, junto con ella, las ganas de él, de su cuerpo, de sus manos, de su espalda, de sus labios, de su puta toxicidad. En esa noche estrellada éramos los protagonistas. Mis manos, su pelo, mi pecho, su espalda, mis miedos, su deseo. Todo se mezclaba y se integraba perfectamente.
Esa noche estrellada fue inolvidable.
Entre caricias, besos, mimos y melancolía solté un "qué lindas son las estrellas". Porque lo eran. Lo eran... eran casi tan lindas como él.
Fue un amor entre tucas, botellas de cerveza, puchos sin prender y besos correspondidos. Era un amor que me sentaba bien, un amor que me gustaba y que no iba a dejar ir tan fácilmente.
Por primera vez creo que me sentía radiante. Mis manos quedaban perfectas cuando las juntaba con las suyas y eso también pasaba con nuestros cuerpos. Su cuerpo me quedaba de maravilla.
Pero esa noche estrellada su cuerpo me quedaba mejor. Nos amábamos más que otras veces.
Dejé caer mi ropa en su pecho y, junto con ella, las ganas de él, de su cuerpo, de sus manos, de su espalda, de sus labios, de su puta toxicidad. En esa noche estrellada éramos los protagonistas. Mis manos, su pelo, mi pecho, su espalda, mis miedos, su deseo. Todo se mezclaba y se integraba perfectamente.
Esa noche estrellada fue inolvidable.
Entre caricias, besos, mimos y melancolía solté un "qué lindas son las estrellas". Porque lo eran. Lo eran... eran casi tan lindas como él.
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