Acá también estoy:

11 octubre, 2013

Asustado

Aparecés. Te quedás conmigo. Salvás mis peores momentos, tus palabras me salvan. Ningún lugar en el mundo es más lindo que estar en tu pecho. Estaba asustado hasta que llegaste. Espantás mis demonios, tu ser contribuye a mi locura. La locura de saber que me encanta tenerte, aunque todavía no te tengo. El solo pensar en que podría tenerte ya me calma. No me voy a poner a pensar si no te tengo, no voy a dejarle espacio a mis monstruos para que aparezcan y me carcoman el alma. Voy a pensar en que te podría tener, y en que me hacés feliz a tu manera. Soy feliz a nuestra manera. No hay mejor momento en el mundo que aquel en el que escucho tu voz. No hay mejor medicina que un abrazo tuyo. No hay mejor alegría para mí que escuchar las tuyas. Porque tus alegrías producen mis alegrías. Todo tu ser provoca un huracán de sensaciones en el mío. Y no sé por qué me siento así, quizás porque necesito cariño, a gritos, y vos me brindás a tu manera ese cariño. Quizás porque siento que sos de buena madera y es lo que busco. No hay peor distancia que la nuestra. Pero no hay mejor sensación que aquella que nace en mi cuerpo cuando, al cerrar los ojos, te pienso y te traigo conmigo.

Aparecés. 
Te quedás. 
Te quiero. 
Me salvás. 

Estaba asustado. Y hoy... no estoy asustado, nunca más.

07 octubre, 2013

Choque

La vida me golpeó. Me hizo abrir los ojos cuando todavía no estaba listo. ¿Qué pasó? Mamá, dijiste que me protegerías.

La vida me golpeó para nunca más ser el que fuí. Un choque de alto impacto que sacudió hasta lo más profundo de mis entrañas para enseñarme. Para enseñarme a mí y enseñarles a los demás.
Me enseñó que debo pararme y ser más fuerte. Más fuerte que las palabras que dañan, más fuerte que los golpes de las personas.
Me enseñó que esconderse y odiarse no es la solución.
Y me hace enseñarles a los que no creen en mí que sí pueden hacerlo y que sólo necesitaba eso; que la vida aparezca para golpearme, para adecuarme, para despertarme. Aunque igualmente, quien no confía en vos en los peores momentos no tiene derecho a hacerlo en los mejores.

La vida me golpeó y me hizo un ser mejor. Quizás no me golpeó; quizás el dolor del impacto repentino me hizo sentir que fue un golpe y fue solo un aviso. Una alarma, como la que suena cada mañana.

La vida me golpeó.
La vida me salvó. Me salvó de mí mismo. De ir por un camino del cual jamás podría volver.
La vida y yo chocamos para ser uno. Mi vida y yo.

01 octubre, 2013

El tiempo.

El tiempo... Pasa lento, pasa rápido... pasa y no nos damos cuenta. Nos deja un recuerdo dulce, uno amargo, uno insulso. El tiempo, nuestra arma más poderosa, para valernos y para destruirnos.
¿Quién sabe cuál es el tiempo? Para cada persona es distinto. El tiempo que nos impone la sociedad, ese tiempo voraz, nos hace creer que los tiempos para un beso, para el sexo, para el trabajo, para descubrir, para experimentar, para sufrir y para revivir, entre otros, deben ser casi instantáneos. No coincido. ¿Por qué? Simple: Mi tiempo, mi vida, mis miedos, mis virtudes, mis defectos, mis anécdotas... son diferentes a las de otros. Cada uno se arma como quiere y como puede, y esa forma diferente de ser nos hace hacer las cosas a diferentes tiempos. Por eso, no te apures, viví tranquilo. El tiempo es infinito, nadie te apura.

Confundir el tiempo con la hora. Qué grave error. El reloj no marca el tiempo. Marca las horas, los minutos, esos que pasan lento, o a veces tan rápido que ni nosotros podemos creerlo. Marca el pasar de los días, de las semanas, los meses... pero no el paso del tiempo. El paso del tiempo lo marcan otras cosas que llevamos adentro y algunas marcas por afuera:

  • El haber podido luchar, levantar los brazos para nunca bajarlos, y haber logrado un objetivo.
  • El mirar hacia atrás y ver en quién te convertiste. Quién sos, quién querés mostrar a la vida, qué hiciste para ser hoy quien sos, con tus defectos y tus virtudes.
  • El haber aprendido de tus errores para no repetirlos jamás.
  • El haber aprendido de tus buenas lecciones para repetirlas y contagiarlas en el otro.
  • Verte al espejo y ver esas pequeñas arrugas, esas canas que aparecen de a poco. Ese cuerpo cansado, encorvado, pero con ganas de seguir luchando, de levantar los brazos y de seguir construyendo quien es hoy.
El tiempo es vida. La vida pasa de la mano del tiempo. Nunca creas que el tiempo pasa, porque sí, pasa, pero nunca solo: siempre, siempre, siempre, va de la mano con vos.

Viví la vida, sí, vos, que estás leyendo esto y se te mueven mil cosas por adentro porque sentís que tengo razón, porque leés tu vida en estas palabras, o porque simplemente creés que es hora de un cambio. Con tiempo, todo es posible. Y no lo digo desde una perspectiva cursi; con tiempo, hasta el cambio más grande es posible. Con tu tiempo.

Viví la vida.
Viví el tiempo.
Viví. Quizás la oportunidad de ser feliz estuvo siempre al lado tuyo y nunca pudiste verla.