A mi valiente hijo:
He vuelto a escribirte porque hace tanto que no lo hago... y hoy siento que debo hacerlo porque es una fecha especial, para vos y para mí. Estando tan lejos estas fechas duelen un poco más. En estos momentos la ausencia se hace presente y el miedo es protagónico. La incertidumbre es mi mejor amiga y el dolor mi compañero. No sabés cuánto te extraño, mi niño...
Hace unos días estaba haciendo la cola en el banco cuando oí a una mujer que le preguntaba a la cajera si su hijo ya había regresado. La mujer, entre lágrimas y distanciada del mundo por una ventanilla, decía que no, que todavía no tenía novedades y que igualmente no iba a bajar los brazos. Cuántos sentimientos encontrados tenía yo con esa cajera...
Siempre que camino por la calle, mientras veo los afiches, las vidrieras o las noticias que dibujan los diarios en el aire, siempre mintiendo y difamando, te imagino allá. Solo, sucio, enfermo, cansado... y a mí, siéndote sincera, el alma se me hace añicos. Qué ganas de que esta mierda termine lo antes posible, para que vuelvas y pueda correr hacia tus brazos cansados y abrazarte, cobijarte bajo mis grandes alas, darte tantos besos como quisiera y pedirte perdón por no cumplir la promesa de que siempre estaría contigo para salvarte de tus miedos. Pero, la puta madre, a veces la vida nos hace un doble juego, tan macabro, perverso y cruel. La vida hace malabares con nuestros sentimientos y nosotros no podemos hacer nada más que mirar.
No puedo escribir más porque mi corazón está a punto de estallar. Feliz cumpleaños, mi amor. Desde donde estés, volvé pronto, hijo, que necesito abrazarte una vez más. Espero que estés bien, al menos con fuerzas para seguir luchando... porque si algo te pasa, yo me voy con vos.
Te ama para siempre y con locura,
Mamá.-